Juan 5: ¿Hijo de quién?
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³⁸ … morando en vosotros, porque no creéis en aquel que Él envió.
³⁹ Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;
⁴⁰ y no queréis venir a mí para que tengáis vida.
⁴¹ No recibo gloria de los hombres;
⁴² pero os conozco, que no tenéis el amor de Dios en vosotros.
⁴³ Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ese recibiréis.
⁴⁴ ¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?
⁴⁵ No penséis que yo os acusaré delante del Padre; el que os acusa es Moisés, en quien vosotros habéis puesto vuestra esperanza.
⁴⁶ Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.
⁴⁷ Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis mis palabras?
Aquí, Jesús ya comienza a entrar en conflicto con los líderes religiosos por haber sanado a un hombre en sábado. No porque Él hubiera hecho algo malo, sino porque los religiosos vivían totalmente fuera del entendimiento de Dios. Por eso no comprendían a Jesús ni lo que Él hacía. En este capítulo, Jesús intenta explicar Su relación con el Padre.
[…] sino que también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios.
Juan 5:18
Este era un concepto extraño para los religiosos judíos. Hasta ese momento, el único que había intentado igualarse a Dios había sido Lucifer: «Subiré sobre las alturas de las nubes, me haré semejante al Altísimo» (Isaías 14:14). Lucifer, sin embargo, lo hizo por orgullo, sin tener ningún derecho para ello. En cambio, el Señor Jesús decía la pura verdad: Él realmente era igual al Padre, hasta el punto de representarlo fielmente.
Hay quienes se llaman hijos de Dios por mero orgullo, tradición o ignorancia, y hay quienes verdaderamente lo son, pues, como Jesús, actúan como el Padre.
[…] porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera.
Juan 5:19
Lo que los judíos tampoco sabían es que, además de que Jesús era el Hijo de Dios, Él vino a dar ese mismo derecho y poder a los que creen en Él: el de tornarse hijos de Dios (Juan 1:12).
Detente a pensar cómo sería tener al propio Dios como Padre.
Qué implicaciones tendría eso para
- ¿su vida?
- ¿su sentido de valor propio, sus necesidades económicas, su salud (mira lo que Él hizo por aquel hombre que había sido paralítico durante 38 años y que ni siquiera era Su hijo)?
- ¿su conducta (porque todo lo que Él hace, el Hijo lohace igualmente)?
- ¿su carácter?
- ¿sus derechos?
- ¿su autoridad?
Solo un animal irracional, una bestia, no apreciaría el derecho de llegar a ser hijo de Dios. Y es exactamente así, como muchas personas son: embrutecidas por la religión, entorpecidas por sus propios argumentos vacíos.
Pero los humildes de corazón, los sinceros, logran apreciar esto y creer. Y por eso reciben ese poder. Si usted cree, podrá llegar a ser hijo de Dios ahora mismo, allí donde está. Y si es hijo de Él, actuará como Él y tendrá todo de Él.
Oh Padre, Te amo por el privilegio de ser Tu hijo, igual que el Señor, un pequeño rayo de Tu luz aquí en esta Tierra. Gracias, Padre —¡mi Padre!
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