thumb do blog Renato Cardoso
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Juan 19: El Cordero Se entrega

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Débil, flojo, cobarde. Así fue Pilato ante la presión de los líderes judíos. Él, por más incrédulo que fuera, tenía más percepción espiritual de Jesús que la chusma de los principales sacerdotes. Aún hoy no es diferente. Hay muchos «incrédulos» que heredarán los cielos, mientras que religiosos hipócritas rechinarán sus dientes en el infierno por toda la eternidad.

Si en el capítulo anterior el Señor Jesús actuó como un león, aquí asume la forma de un cordero camino al matadero. Totalmente consciente de lo que estaba por suceder, se negó a defenderse y a aprovechar la vacilación de Pilato. Sumiso, voluntariamente dejó que aquella farsa continuara, pues sabía que así había sido profetizado.

Sí, todos aquellos personajes —los soldados que echaron suertes sobre la ropa de Jesús; los sacerdotes que agitaban al pueblo; Pilato, que se lavó las manos; Barrabás, que fue liberado; los ladrones que fueron crucificados uno a cada lado; incluso Nicodemo y José de Arimatea, que cuidaron del cuerpo del Señor después de su muerte—, sin saberlo, estaban cumpliendo profecías hechas siglos antes.

Por eso Juan mencionó tantas veces que era «para que se cumpliera la Escritura». Todo era parte del plan de salvación que desde hacía mucho tiempo había sido concebido por el Padre. Nadie allí tenía poder sobre Jesús. Él permitió ser arrestado, juzgado, castigado y crucificado para tomar mi lugar y el suyo.

El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

Lucas 21:33

Aunque parezca que el mal está prevaleciendo, siendo más fuerte que Dios en su vida, sepa que Dios puede usar incluso el mal para hacer el bien. Él no causa el mal, pero usa el mal para transformar situaciones malas en grandes beneficios.

Es como dijo José a sus hermanos, que lo vendieron:

Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente.

Génesis 50:20

¡Quien está dentro de la voluntad de Dios no tiene cómo perder! Si gana, gana; y, si pierde, ¡gana también!

Aquí cabe una breve aclaración sobre los versículos 26 y 27, cuando Jesús pidió que Juan cuidara de Su madre, María. De ninguna manera quiso decir que debamos adorar a María ni que ahora ella sea nuestra madre. Fue una forma cuidadosa de Jesús de tratar a aquella que sirvió de instrumento para Su venida al mundo. Un cuidado que todos los hijos deben tener con sus madres.

Como última observación sobre este capítulo, note el papel de la política, del juego de poder, en toda esta trama que culminó en la crucifixión de Jesús. Desde el comienzo de la humanidad, personas malas han ocupado posiciones de poder en los tronos de este mundo. Necesitamos hombres y mujeres de Dios que tengan la misma valentía y audacia para hacer el bien que los hijos del infierno tienen para hacer el mal.

La muerte, sin embargo, no pudo contener a nuestro Señor por mucho tiempo…