thumb do blog Renato Cardoso
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Juan 15: Bajo la luz de la luna llena

Imagem de capa - Juan 15: Bajo la luz de la luna llena

Sepa cómo participar del propósito de Juan.

Al final del capítulo anterior, Jesús terminó diciendo a los discípulos: «Levantaos, vámonos de aquí». Ellos dejaron el lugar donde habían hecho la cena y partieron en dirección al huerto de Getsemaní, en el Monte de los Olivos. Se acercaba la medianoche, la luna estaba llena (la Pascua judía siempre se celebra en período de luna llena) y Jesús continuó dando Sus últimas orientaciones y consuelo a los discípulos. Estas palabras fueron dichas en el camino hacia el huerto o cuando ya estaban allí.

Al leer este capítulo, me transporté a esa escena y me vi allí, entre los once, escuchando y asimilando cada palabra del Señor Jesús mientras caminábamos juntos hasta sentarnos entre los olivos de Getsemaní.

Esta experiencia trae un entendimiento mucho mayor y más profundo que cuando simplemente se lee el texto impreso o en la pantalla de un dispositivo digital en el siglo XXI.

Usted debería experimentarlo.

Aprovechando el escenario del huerto, Jesús comparó Su relación con nosotros con una vid y sus ramas. Mientras estamos «juntos y mezclados» con Él, Él está con nosotros. Damos mucho fruto, y Él nos limpia con Su Palabra para que demos más fruto. Recibimos todo lo que pedimos y, por medio de nuestras obras y de nuestro carácter, mostramos que somos Sus discípulos.

Estar fuera de Él, lejos de una relación con Él, es lo contrario de todo esto: quedamos solos, no damos fruto, no recibimos Sus palabras de orientación (quedamos perdidos), no recibimos lo que pedimos, todos ven que no hay nada de Dios en nosotros y nuestro final es ser echados al fuego como una rama seca, cuya única utilidad es ser quemada. El fuego, aquí, es probablemente una alusión al destino de los que eligieron vivir separados de Jesús: el infierno.

En cuanto a los que eligieron vivir con Él, Jesús refuerza el tipo de amor que tiene por ellos: «Como el Padre me ha amado, así también Yo os he amado».

Le digo: ¡ese no es un amor cualquiera! El amor que el Padre tiene por Jesús es inexpresable de tan grande y profundo. Es un amor que los iguala. La Biblia dice que el Padre entregó todo al Hijo, le dio un nombre que es sobre todo nombre, autoridad total en la Tierra… y Jesús viene y dice: «Yo los amo exactamente como el Padre me ama».

Dios nos ama como ama a Jesús. ¡¿No es esto extraordinario?!

Yendo de un extremo al otro, Él también habló del odio que sufriríamos: el odio del mundo, que no lo conoce. Seguir a Jesús no nos hará ganar aplausos de las personas. Empezando por amigos y familiares, muchos nos criticarán e incluso se convertirán en nuestros enemigos. Y es inútil tratar de convencerlos de lo contrario. El Padre aún no les ha sido revelado; por eso no entienden Su mensaje.

La marca de los verdaderos discípulos del Señor Jesús es el odio que el mundo tiene hacia ellos. Como Él mismo dijo, esto sucede para que se cumpla lo que está escrito: «Más que los cabellos de mi cabeza son los que sin causa me aborrecen» (Salmos 69:4)

¡Qué bueno que tenemos el inexplicable amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para compensar todo ese odio