Juan 13: Amando a quien no lo merece
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Este capítulo se desarrolla alrededor de una mesa de cena, con Jesús y los doce discípulos. Jesús sabía que había llegado Su hora y quiso pasar Sus últimos momentos muy cerca de los discípulos para dejarles valiosas lecciones. Juan, incluso, quiso resaltar que el Señor los amó hasta el fin.
Si tan solo los matrimonios practicaran ese tipo de amor, que ama hasta el fin, no se divorciarían. No se enfrentarían, no desgarrarían el corazón de sus parejas ni de sus hijos con actitudes egoístas.
Amar hasta el fin. ¡Este concepto suena extraño para mucha gente! La mayoría ama con límites: ama hasta que el dinero se acaba, mientras haya «química» o hasta que aparezca alguien más interesante.
Observemos también el tipo de personas que Jesús amó hasta el fin: uno que lo traicionó y lo vendió por 30 monedas; otro que, tres veces, negó conocerlo; otro que dudó de Su resurrección; otros que discutían entre sí por el título de más importante. Hombres que, a veces, lo irritaban hasta el punto de que Él desahogaba: «¿Hasta cuándo os tendré que soportar?»(Mateo 17:17).
A pesar de todo esto, Él los amó hasta el fin y les dio una lección inolvidable sobre ese tipo de amor al lavarles los pies. «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como Yo os he amado, que también vosotros os améis unos a
otros».
Este tipo de amor nada tiene que ver con sentimentalismo, buenos modales llenos de hipocresía o palabras dulces con la intención de impresionar. El amor que el Señor Jesús espera de nosotros aquí es el amor marcado por servir a la otra persona y considerarla mayor que nosotros mismos, aunque no lo sea.
Honestamente, ¿cuántas veces fallamos en practicar ese amor? ¿Cuántas veces queremos hacer cualquier cosa menos servir a esa persona molesta, mezquina, que nos irrita como una piedra en el zapato? ¿Cuántas veces nos consideramos mayores y más importantes que los demás?
El Señor Jesús no solo nos enseña este nuevo mandamiento, sino que también afirma que su práctica es la señal de que realmente somos Sus discípulos.
¿Le parece imposible de cumplir?
Solo quien ya ha conocido y recibido personalmente el amor de Dios puede ofrecer ese tipo de amor a la esposa, al esposo, a los amigos y a los enemigos. ¿Cómo no dar un poco a quien aparentemente no lo merece, si yo, sin merecerlo, he recibido tanto?
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