Juan 11: Ira en lugar de tristeza
Jesús aprovecha la enfermedad y la muerte de Lázaro para mostrar Su superioridad sobre ambas. Observe Su demora intencional en atender el llamado de Marta y María y venir a socorrer al hermano enfermo.
A veces no entendemos por qué las respuestas a nuestras oraciones tardan o nunca llegan como queremos. Sin embargo, quienes confían en la sabiduría y en el plan mayor de Dios siempre reciben la mejor respuesta.
Jesús tuvo una reacción algo extraña en los versículos 33 y 38 al encontrarse con la muerte de Lázaro, sus hermanas y los judíos que allí lloraban. Está escrito que se conmovió profundamente en espíritu y se turbó. El original griego usa una palabra muy fuerte para describir esto, ἐνεβριμήσατο (enebrimēsato), que tiene el sentido de «reprender fuertemente, enojarse, airarse en el espíritu». El sentimiento que normalmente se espera sentir ante la muerte de alguien cercano es tristeza, pero Jesús se enojó, se airó, se perturbó ante todo aquello. ¿Por qué?
Algunas razones incluyen:
- La incredulidad de las hermanas de Lázaro, aun cuando Él les había dicho que, si creían, verían la gloria de Dios.
- La reacción emotiva de todos, que lloraban derrotados ante la muerte; aunque estaban delante del Autor de la Vida, no lo reconocieron.
- Los comentarios de los judíos que cuestionaban si Jesús realmente amaba a Lázaro, ya que «no hizo nada por él».
- La ira que sintió al ver el estado caído, débil e impotente de las personas ante la enfermedad y la muerte, ambas consecuencias del pecado humano.
Por eso, con santa ira, Jesús avanzó de inmediato con convicción y vehemencia para resucitar a Lázaro, mostrando así Su supremacía sobre la muerte.
Es claro que todo aquello fue una gran enseñanza dejada para nosotros. También debemos tener ira, en el espíritu, contra toda incredulidad y todo sentimentalismo que nos debilitan, y contra las dudas acerca de Dios. Debemos tener ira contra el pecado, que mata poco a poco y, al final, lanza el alma al infierno. Tenemos que creer totalmente en el Autor de la Vida y vencer todo eso. Aún hoy no hay solución para la muerte ni para las innumerables enfermedades que afligen a la humanidad. Sin embargo, como Jesús dijo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en Mí no morirá jamás. ¿Crees esto?»
¿Usted cree?
Entonces, reciba VIDA ahí, ahora mismo, donde usted está.
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