thumb do blog Renato Cardoso
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EL BURRO, EL REY Y EL PRISIONERO

Cuando aprendes a vivir el hoy, ese sentimiento pierde fuerza

Muchas personas enfrentan una batalla constante contra la ansiedad. Se preocupan por situaciones que aún ni siquiera han sucedido y, al mismo tiempo, cargan con el peso de errores del pasado. Así, viven atrapadas entre el ayer y el mañana y terminan dejando escapar el único momento que realmente pueden vivir: el presente.

Tal vez sea tu caso. Al fin y al cabo, quien sufre de ansiedad suele imaginar escenarios negativos, sentir ese nudo constante en el estómago y preguntarse repetidamente: “¿Y si sucede esto?” o “¿Y si sale mal?”. Además, muchas veces la persona revive frustraciones antiguas, oportunidades perdidas y decisiones de las que se arrepiente profundamente.

Sin embargo, hay una lección sencilla que puede cambiar esa forma de vivir.

La historia del burro, el rey y el prisionero

Se cuenta que, en la Edad Media, un hombre fue apresado por robar una gallina y condenado a muerte por un rey muy severo. Pasaría la noche en la mazmorra y, al día siguiente, sería ahorcado.

Mientras esperaba la ejecución, el prisionero vio un burro del lado de afuera de la prisión y comenzó a hablar con él. El soldado que custodiaba la celda se extrañó y le preguntó por qué estaba haciendo eso.

Con tranquilidad, el hombre respondió que sabía enseñarles a hablar a los burros.

Intrigado, el soldado le contó esto al rey. Entonces el rey mandó llamar al prisionero e hizo un trato con él: tendría un año para enseñarle a hablar al burro. Si lo lograba, quedaría en libertad. De lo contrario, moriría.

El prisionero aceptó de inmediato.

Después, un conocido le preguntó por qué había inventado aquella historia. El hombre respondió con calma: en un año pueden suceder muchas cosas —el rey podría morir, el burro podría morir o incluso él mismo podría morir—. Pero lo cierto es que ahora tenía más tiempo. 

La enseñanza de Jesús sobre la ansiedad

Esta historia ilustra muy bien una enseñanza directa del Señor Jesús:

Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas”.

Muchas personas conocen estas palabras, pero no las ponen en práctica. Por eso terminan viviendo entre dos pesos: la culpa del pasado y la preocupación por el futuro.

Como consecuencia, surgen la ansiedad, el estrés y el desgaste emocional. 

El único tiempo que puedes cambiar

Hay una verdad sencilla: el pasado no puede modificarse y el futuro aún no ha llegado. Por lo tanto, el único tiempo que realmente podemos usar es el presente.

Por eso, ante cualquier preocupación, hazte una pregunta práctica: ¿hay algo que pueda hacer hoy respecto a esto?

Si la respuesta es sí, entonces hazlo hoy. Pero, si no hay nada que puedas hacer ahora, no cargues ese peso antes de tiempo.

Confía en Dios y enfócate en el presente

La Biblia muestra que Dios puede cambiar cualquier situación rápidamente. Muchas veces, aquello que parecía imposible se transforma de manera inesperada.

Por eso, quien confía en Dios aprende a descansar.

Deja de cargar el peso del pasado y deja también de sufrir anticipadamente por el futuro. En cambio, concéntrate en lo que puedes hacer hoy.

Haz lo mejor que puedas ahora —y deja el resto en manos de Dios.

Mira el video y descubre la poderosa lección de la historia del burro, el rey y el prisionero —y cómo este mensaje puede cambiar la forma en que enfrentas el mañana.

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Colaborador

Obispo Renato Cardoso