thumb do blog Renato Cardoso
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CUANDO EL DOLOR ES TU AMIGO (ESCUCHA ESTE CONSEJO)

Atención: Ignorar el dolor no resuelve, tratar la causa sí

El dolor no es tu enemigo. Al contrario, puede ser una alerta de Dios para protegerte.

A nadie le gusta sentirlo. Sin embargo, Dios nos dio esa capacidad no para hacernos sufrir, sino para avisarnos que algo está mal.

El dolor físico y emocional: señales claras

Cuando sientes fiebre, te lastimas o sufres un corte, el dolor te obliga a detenerte y actuar. Señala que hay algo que está comprometiendo tu salud.

De la misma manera ocurre con el dolor emocional. La tristeza, la ansiedad, la angustia y el vacío no surgen por casualidad. Indican que algo hirió tu interior y necesita atención.

Ignorar el dolor no resuelve nada. Tratar la causa, sí.

El dolor material también enseña

Además, la falta de recursos, la dificultad económica y la vergüenza de la escasez también duelen. En ese sentido, ese dolor revela que hay un problema en la vida material que necesita ser corregido.

Así, puedes darte cuenta de que, en todas las áreas, el dolor cumple el mismo papel: mostrar que algo necesita cambiar.

Sin embargo, el peligro comienza cuando la persona se acostumbra a ese dolor y comienza a considerar normal vivir sufriendo.

La raíz de todos los dolores

Sin embargo, existe un dolor más profundo: el espiritual.

Si el dolor físico apunta al cuerpo y el emocional a las emociones, el espiritual apunta a la raíz de la vida. Sus principales síntomas son culpa, vacío, frialdad e indiferencia. La persona puede tenerlo todo, pero nada la llena.

El profeta declara en el Libro de Isaías, capítulo 59, que el problema no está en Dios. Él puede salvar y escuchar. Lo que causa separación son las iniquidades, el pecado — el alejamiento de la Voluntad de Dios.

Cuando el ser humano decide vivir según su propia voluntad, se convierte en su propio señor. Y así, inevitablemente, cosecha dolor.

La cura comienza en el arrepentimiento

La solución no está en culpar a Dios o a las circunstancias, sino en reconocer los propios errores. Eso es arrepentimiento.

Y donde hay arrepentimiento sincero, hay perdón. Y el perdón trae paz.

Jesús enseñó que, al buscar primero el Reino de Dios y Su justicia, las demás cosas son añadidas. Primero se trata la raíz; después, los frutos comienzan a cambiar.

Cuidar la vida espiritual no es religión — es inteligencia.

Si quieres una vida restaurada, trata la raíz. El dolor está avisando. La decisión de cambiar es tuya.

Mira el video hasta el final y descubre cómo resolver esa raíz que tanto duele.

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Colaborador

Obispo Renato Cardoso