thumb do blog Renato Cardoso
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Juan 14: Juntos y mezclados

Sepa cómo participar del propósito de Juan.

LA PAZ DE CRISTO

²⁷ La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

²⁸ Oísteisque yo os dije: «Me voy, y vendré a vosotros». Si me amarais,os regocijaríais porque voy al Padre, ya que el Padre es mayor que yo.

²⁹ Y os lo he dicho ahora, antes que suceda, para quecuando suceda, creáis.

³⁰ No hablaré mucho más con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo, y él no tiene nada en mí;

³¹ pero para que el mundo sepa que amo al Padre, y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos, vámonos de aquí.

JUNTOS Y MEZCLADOS

Continuando el discurso del capítulo anterior, Jesús consuela a Sus discípulos y los prepara para Su partida. En menos de 24 horas, Él sería arrestado, juzgado por un tribunal ilegal, severamente castigado y crucificado como un bandido. Tal brutalidad causaría un fuerte impacto en los discípulos, además de un gran temor por sus propias vidas. Por eso, la idea principal del Señor Jesús en este capítulo fue fortalecerlos para lo que estaba por venir.

Comenzó mencionando que iría al Padre y que los discípulos no podrían acompañarlo. Sin embargo, Él iría a preparar una casa para ellos y, en breve, volvería para buscarlos. Este lenguaje puede parecernos extraño y sin sentido, pero no lo era para los discípulos. Esto se debe a que Jesús estaba refiriéndose a la costumbre practicada por el novio según el modelo del matrimonio judío.

Durante el período de compromiso, el novio preparaba una habitación para la luna de miel. Esa habitación solía construirse en la casa del padre del novio. La cámara nupcial, como se la llamaba, tenía que ser un hermoso lugar para llevar a la novia. La novia y el novio pasarían siete días allí.

La habitación tenía que ser construida de acuerdo con las especificaciones dadas por el padre del novio, y el novio solo podía encontrarse con la novia cuando el padre le daba permiso. Si alguien preguntaba al novio cuándo sería la boda, él respondía: «No me corresponde saberlo; solo mi padre lo sabe».

Así como el novio decía a su novia que iría a prepararle un lugar, el Señor Jesús dijo a Sus discípulos: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros».

¡Qué consuelo y qué alegría saber que, en este mismo momento, nuestro Señor Jesús está preparando un lugar para que estemos con Él!

Por eso, el cristiano debe vivir cada día como una novia que espera el gran día de su boda, con fidelidad, obediencia y prontitud, pues solo el Padre sabe el día y la hora.

Otro punto destacado de este capítulo es el énfasis que Jesús da a la unidad y a la igualdad que existen entre Él y el Padre, y entre Él y los que practican Su Palabra. En otras palabras: el Padre está en Mí, Yo estoy en el Padre, y Nosotros dos estamos en usted que hace lo que Nosotros mandamos. Y como prueba de ello, le pedí al Padre que le diera el Espíritu Santo para estar con usted para siempre.

Es como un matrimonio: los dos se convierten en una sola carne.

Si usted acepta casarse con Dios, Él vivirá «junto y mezclado» con usted, comenzando aquí y ahora por medio del Espíritu Santo en usted y, después, por toda la eternidad.

La vida por la fe es cuando una persona se une totalmente a Dios, de tal manera que ya no haya diferencia entre uno y otro. Así, quien mire a esa persona verá a Dios.

La pregunta es: ¿quién lo mira a usted logra ver a Dios?