thumb do blog Renato Cardoso
thumb do blog Renato Cardoso

Juan 1: El Coprotagonista

Imagem de capa - Juan 1: El Coprotagonista

Hoy comenzamos el Propósito de Juan. Sepa cómo participar aquí.

 

⁴⁵ …los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José.

⁴⁶ Y Natanael le dijo: ¿Puede algo bueno salir de Nazaret? Felipe le dijo: Ven, y ve.

⁴⁷ Jesús vio venir a Natanael y dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño.

⁴⁸ Natanael le dijo: ¿Cómo es que me conoces? Jesús le respondió y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

⁴⁹ Natanael le respondió: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

⁵⁰ Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije que te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás.

⁵¹ Y le dijo: En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre.

 

Juan, el autor de este Evangelio, era uno de los doce discípulos del Señor Jesús. No lo confunda con Juan el Bautista, mencionado en este y en varios otros capítulos del Evangelio de Juan.

Lo curioso es que Juan no menciona su propio nombre en este libro. En lugar de ello, se refiere a sí mismo solamente como «el otro discípulo» (Juan 20:3) y «uno de sus discípulos, aquel a quien Jesús amaba» (Juan 13:23).

Ese esfuerzo deliberado por ocultar su propio nombre dice mucho acerca de este discípulo y de lo que sucedía con las personas cuando se encontraban con el Señor Jesús. Era como si ya no vieran ninguna necesidad de exaltarse a sí mismas en este mundo, sino solamente de exaltar al Señor Jesús y servir al prójimo. Juan deja esto muy claro al hacer del Señor Jesús el centro de su Evangelio. En cuanto a sí mismo, se conformaba con ser simplemente el discípulo «a quien Jesús amaba». ¿Para qué más?

Lo que hizo «el otro discípulo» es una bocanada de aire fresco frente a lo que se practica hoy: predicadores del Evangelio que parecen hacer un esfuerzo sobrenatural para ver sus nombres en las fachadas de sus iglesias, en la televisión, en medios impresos y en tantos otros lugares.

Cuando uno tiene un verdadero encuentro con Dios, todo deseo de jactarse y de recibir reconocimiento de las personas desaparece. Ya no se molesta cuando hablan mal de usted,
cuando dejan de notarlo o incluso cuando lo desprecian. El hecho de ser un discípulo del Señor Jesús y tener la certeza de que Él lo ama es suficiente.

Entonces, todos sus esfuerzos se dirigen a que las personas también lo conozcan a Él. Él es el Protagonista. Usted, apenas el coprotagonista. ¡Y qué privilegio!

¿Ya se molestó por haber sido despreciado o no reconocido por alguien?
¿Qué piensa que debe hacer de aquí en adelante? ¿Qué más hablo el Espíritu Santo con usted al leer el capítulo 1 de Juan?
Deje su comentario abajo.