thumb do blog Renato Cardoso
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Juan 9: Jesús, el alborotador

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Recién recuperado del enfrentamiento del capítulo anterior, Jesús nuevamente se metió en problemRecién recuperado del enfrentamiento del capítulo anterior, Jesús nuevamente se metió en problemas con los fariseos als con los fariseos al decidir sanar a alguien en sábado. Ni siquiera las amenazas de muerte lo intimidaron. ¡Ese es el Jesús en quien yo creo! Valiente, intrépido, sin temor y alborotador (para los religiosos). Es imposible que usted conozca al verdadero Jesús y que los cimientos de sus creencias y tradiciones no sean sacudidos. Él vino para sacudir el status quo.

La historia de la curación del ciego comenzó con una pregunta absurda de los discípulos: «¿Quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?».

Considero absurda esa pregunta porque ¿cómo podría el hombre haber pecado antes de nacer? Observe aquí que la pregunta surgió de creencias religiosas. Al fin y al cabo, ¿no son las religiones las que gustan de culpar los pecados de las personas por sus problemas y, así, sentenciarlas a sufrir como castigo, sin solución?

Quien ha leído desde el capítulo 1 hasta aquí y aún no lo ha entendido, entienda de una vez por todas: la religión embrutece; la fe en Jesús abre la mente.

También vemos otra aberración de la religión en este capítulo: la sumisión de los padres del ciego a los religiosos por miedo a ser expulsados de la sinagoga. Ni siquiera la curación de su propio hijo superó el cabestro que la religión había puesto sobre ellos. ¡Qué plaga! Así son muchos que viven esclavizados por las religiones de este mundo. Esos, sí, son ciegos.

Es muy bueno ver la progresión de fe de aquel ciego. Él comenzó sin saber quién era Jesús y, aun así, fue sanado. Esto demuestra que no es necesario conocer a Dios para recibir un milagro. Basta creer y obedecer. Sin embargo, recibir un milagro no significa recibir la salvación.

Cuando fue interrogado por los fariseos sobre quién pensaba que era Jesús, el ciego respondió: «Es profeta». Llegó a esa conclusión porque sabía que Jesús venía de Dios, pues hacía el bien. Muchos también creen que Jesús fue apenas un buen maestro o un profeta que enseñó muchas cosas buenas, pero esa creencia no es suficiente.

Por eso Jesús fue en busca del ciego, después de que este fue promovido con la expulsión de la sinagoga, y se le reveló como el Salvador. Entonces el ciego, de inmediato, se arrodilló y creyó en Él. Fue salvo.

Esa es la progresión de fe que usted también necesita tener. Tal vez usted ni siquiera sepa quién es Jesús; o quizá ya ha oído hablar de Él y sabe que fue alguien muy bueno, pero aún no se ha arrodillado ante Él, no ha creído que Él es quien dice ser.

Ese arrodillarse es mucho más que el acto literal de ponerse de rodillas. Significa vivir su vida en total sumisión a Él, romper con la religión y comenzar a vivir la fe inteligente todos los días.

¿Usted cree?