thumb do blog Renato Cardoso
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TODA DISCIPLINA COMIENZA POR LA BOCA: ¡Aprende y cambia tu vida!

Disciplina, decisiones y el poder de la palabra delante de Dios

A lo largo de la vida, muchos intentan cambiar comportamientos, hábitos e incluso el rumbo de su propia historia. Sin embargo, pocos se dan cuenta de que la transformación real no comienza en las circunstancias, ni solamente en los pensamientos, sino en lo que eligen confesar. Toda disciplina comienza por la boca. Y esto no es una figura retórica; es un principio espiritual.

Dios inicia el cambio por la Palabra

Antes de cualquier acción humana, Dios actúa hablando. Así fue con Jeremías. La Palabra del Señor vino a él y, en ese momento, algo comenzó a cambiar por dentro (Jeremías 1:4). Al fin y al cabo, la fe viene por escuchar la Palabra de Dios. Cuando escuchamos una palabra divina, esta entra en nosotros, genera vida e inicia un proceso de transformación.

Sin embargo, inmediatamente después, Jeremías reveló un problema común a muchos: la confesión equivocada. Al decir “soy solo un niño”, expresó un pensamiento que, aunque pareciera verdadero, necesitaba ser corregido. Dios lo reprendió de inmediato, porque esa afirmación podía impedir la materialización del plan divino.

La confesión equivocada bloquea el propósito

Aquí hay una advertencia importante: hay cosas que no debemos decir, aunque parezcan hechos. Cuando hablamos, materializamos pensamientos. Mientras algo permanece solo en la mente, todavía puede ser rechazado. Pero cuando sale por la boca, adquiere forma.

Por eso, Dios dijo claramente: “No digas eso”. No permitió que Jeremías se definiera por sus limitaciones. Del mismo modo, cuando una persona insiste en repetir palabras negativas, derrotistas o basadas únicamente en el sentimiento, termina reforzando aquello que desea vencer.

Confesar es asumir una decisión

Confesar no es repetir frases como si fueran magia. No es pensamiento positivo ni discurso vacío. Confesar es la etapa final de una decisión consciente. Primero, la persona piensa, evalúa y decide. Después, confiesa para sí misma, para alguien de confianza y, principalmente, delante de Dios.

Esa confesión compromete la palabra. Y la palabra empeñada genera responsabilidad. Mentirse a uno mismo destruye la autoconfianza. Por eso, la confesión necesita ser seria, verdadera y acompañada de actitud.

Hablar con Dios es esencial

Así como Dios nos habla, nosotros necesitamos hablar con Él. La oración no debe limitarse a intenciones silenciosas. Necesita ser expresada. El habla — o cualquier forma de materializar el pensamiento — hace que la decisión sea real.

Hay quienes van más allá y hacen un voto. El voto es dar la Palabra a Dios. Pero es necesario tener cuidado: a Dios no Le agradan las palabras dichas por emoción y no cumplidas. Aun así, cuando se hace con sinceridad, el voto puede marcar el inicio de una transformación profunda, como ya he visto ocurrir innumerables veces.

Usa tu boca con sabiduría

Por lo tanto, no uses tu boca para repetir frases hechas, dichos populares o pensamientos vacíos que ni siquiera sabes de dónde provienen. Cuando no sepas qué decir, di lo que Dios dijo. Y eso no exige una revelación especial — basta con abrir la Biblia.

Al hablar la Palabra de Dios, te fortaleces, ganas dirección y renuevas la determinación. ¿Vas a tropezar? Posiblemente. Pero al recordar lo que Dios habló, vuelves al camino y continúas avanzando.

Para concluir

Y, como bonus, cuando aprendes a controlar lo que sale de tu boca y la comida que dejas entrar, todo lo demás en la vida se vuelve más fácil de organizar.

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Colaborador

Obispo Renato Cardoso