thumb do blog Renato Cardoso
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¿PUEDE UN CRISTIANO PARTICIPAR DE LA NAVIDAD?

El cristiano no vive preso de tradiciones, sino guiado por el entendimiento de lo que agrada a Dios

En esta época del año, es muy común que surjan dudas, especialmente entre quienes son nuevos en la fe o todavía no tienen plena claridad sobre lo que realmente diferencia a quien vive la fe del puro Evangelio de quien solo sigue costumbres religiosas.
Al fin y al cabo, ¿qué puede o no puede hacer un cristiano? ¿Participar de la Navidad es pecado? ¿Reunirse con la familia está mal? ¿Poner árbol, hacer cena, intercambiar regalos… dónde está el límite?

Estas preguntas no son nuevas. Por el contrario, acompañan al cristiano durante toda su caminata, porque, al nacer de nuevo, entra en un nuevo Reino — el Reino de Dios — aunque siga físicamente dentro de una sociedad llena de tradiciones, fiestas y costumbres.

Ley, disciplina y propósito

Para entender esto, necesitamos mirar la Biblia con madurez y, sobre todo, comprender el espíritu de la Palabra. Cuando Dios sacó al pueblo de Israel de Egipto, ese pueblo no conocía leyes. Había vivido más de 400 años como esclavo, conociendo solo la ley del látigo. Por eso, al llevarlos al Monte Sinaí, Dios les dio leyes claras y detalladas.
Esas leyes tenían un propósito: educar, disciplinar y formar una nación. No existe disciplina sin ley, así como no existe nación sin reglas. Por eso, vemos en el Antiguo Testamento orientaciones hasta minuciosas sobre alimentación, higiene, vestimenta y convivencia social. Todo eso era necesario en ese momento.

Sin embargo, con el tiempo, aquello que era para liberar pasó a oprimir.

Cuando la letra mata y el espíritu libera

En los días del Señor Jesús, la ley se había transformado en legalismo. Los religiosos habían hecho de las leyes cargas pesadas, llenas de tradiciones vacías, practicadas solo externamente. Por dentro, sin embargo, el corazón estaba lejos de Dios.
Jesús confrontó eso con firmeza. Él sanaba en sábado para mostrar que la vida vale más que la letra de la ley. Él se sentaba con pecadores para revelar que la misericordia es más importante que la apariencia religiosa. Mientras los fariseos se preocupaban con rituales, Jesús se acercaba a quien más Lo necesitaba.

Él no vino a revocar la ley, sino a cumplirla — y, principalmente, a rescatar su verdadero espíritu.

Tradiciones que cambian, principios que permanecen

En la iglesia primitiva, esta discusión volvió a surgir. Los cristianos necesitaban decidir: ¿debemos seguir guardando el sábado literal? ¿Circuncidar? ¿Mantener las antiguas tradiciones?

La respuesta, guiada por el Espíritu Santo, fue clara: ya no por la letra, sino por el espíritu.

La circuncisión dejó de ser en la carne y pasó a ser en el corazón. El descanso dejó de ser un día específico y pasó a ser un principio. Lo importante no es el ritual, sino el significado que hay detrás.

Y eso nos lleva, finalmente, a la pregunta central.

A fin de cuentas, ¿debe el cristiano celebrar la Navidad?

Si somos bíblicos y honestos, la respuesta es simple: la Navidad no es una fiesta bíblica. Tiene origen pagano y, a lo largo de la historia, mezcló conceptos cristianos con prácticas que no vienen de la Palabra de Dios. Por lo tanto, no es una celebración que el cristiano deba adoptar como práctica religiosa.

¿Eso significa que el cristiano no puede reunirse con la familia? Reunirse con la familia no es pecado — al contrario, es algo deseable todos los días del año. El problema no está en la reunión, sino en el significado que se le da.

Poner árbol de Navidad, exaltar a Papá Noel, intercambiar regalos por tradición religiosa — eso sí, lleva símbolos que no concuerdan con la fe cristiana.

Posicionamiento sin fanatismo

¿Y cuando la fiesta es en la empresa? El cristiano debe tener equilibrio e inteligencia espiritual. Si estás allí por cuestión profesional, puedes aprovechar la oportunidad para dar buen testimonio y, si hay espacio, hasta hablar de Dios. El apóstol Pablo hacía exactamente eso: usaba la cultura del pueblo para anunciar la Verdad, sin mezclarse con la idolatría.

Por otro lado, si ese ambiente hiere tu conciencia, tienes todo el derecho de retirarte. Nadie está obligado a participar. Lo que no puedes es vivir con duda, culpa o condenación.

Como enseñó Pablo: “… Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir”.

Lo que realmente importa

El cristiano no debe usar la Palabra de Dios para justificar sus propios deseos, gustos o voluntades. Jesús no hizo eso. Pablo no hizo eso. La fe madura vive en paz, con conciencia limpia, sin imponer cargas a otros y sin aferrarse a tradiciones vacías.

Al fin y al cabo, lo más importante es vivir el espíritu de la Palabra — con amor, equilibrio y buen testimonio — y no solo seguir la letra o las costumbres que practica el mundo.

Esa es la fe que agrada a Dios. Por eso, en este video explicamos con base bíblica por qué Dios instituyó leyes y reglas para Su pueblo desde el inicio, como los Diez Mandamientos, y cómo, con el tiempo, esas leyes terminaron transformándose en un legalismo religioso.

Mira el siguiente video hasta el final y reflexiona.

Comenta tu opinión: ¿crees que es pecado que el cristiano participe en la Navidad?

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Colaborador

Obispo Renato Cardoso