thumb do blog Renato Cardoso
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POR QUÉ EL DISCIPLINADO AVANZA Y EL MOTIVADO VUELVE A LO QUE ERA ANTES

Asume hoy el compromiso contigo mismo y con quien más te importa en la vida

Me gustaría dejar algo muy claro para ti, en este inicio de año: no es la motivación lo que cambia tu vida — sino la disciplina. ¡Porque la motivación no sostiene a nadie!

Muchas personas comienzan el año, un proyecto o una meta con entusiasmo. Sin embargo, la emoción pasa — y por lo general pasa antes de lo que imaginamos.

Es importante conocer las respuestas a estas tres preguntas:

  • ¿por qué quiero cambiar?
  • ¿adónde quiero llegar?
  • ¿qué deseo transformar?

Pero el problema surge cuando se confunde el motivo con la emoción. Porque, cuando el sentimiento se va, la persona piensa: “Ya no tengo ganas… es demasiado difícil…” — y desiste.

Por eso, afirmo con convicción: no es la motivación la que transforma. Es la disciplina.

Lo que aprendí sobre la disciplina

A lo largo de los años, observé algo: la vida de la persona disciplinado mejora de manera continua. A veces despacio, pero siempre hacia adelante. En cambio, el simplemente motivado despega… y pronto vuelve al punto de partida.

El secreto es el compromiso.

Hablo de palabra empeñada — conmigo mismo, con Dios y con las personas que importan. Con ganas o sin ganas, con cansancio, feriado o lluvia, permanezco en el campo de batalla. Porque estoy comprometido.

La voz que elegí escuchar

Cuando medito en Deuteronomio 28:1–2, veo un principio fundamental:

“Y sucederá que si obedeces diligentemente al Señor tu Dios…”

Hoy existen muchas voces: internet, amigos, opiniones, comparaciones y, principalmente, las voces dentro de nuestra propia cabeza — miedo, duda, inseguridad.

Yo decidí escuchar únicamente la voz de Dios.
Porque la renuncia siempre comienza con una voz interior que dice: “No va a funcionar…”

Por lo tanto, el compromiso comienza con una elección: escuchar y obedecer a Dios.

La obediencia no es perfección — es diligencia

Cuando la Biblia habla de “guardar los mandamientos”, no exige una perfección absoluta. Lo que Dios espera es atención, cuidado y diligencia.

Así como en un trabajo: aprendo lo que debe hacerse — y lo hago. Dios jamás pediría algo imposible. Por lo tanto, el foco no está en la perfección, sino en la obediencia práctica.

La consecuencia es inevitable

La promesa es clara: Dios exalta y hace que las bendiciones alcancen a aquel que escucha y obedece.

Esto no significa ausencia de luchas. Al contrario: cuando te destacas, surgen críticas, envidia y tentaciones para desistir. Sin embargo, las bendiciones se convierten en una consecuencia natural de una vida disciplinada.

Si tropiezo, me levanto

Si en algún momento fallo, retomo. Recomienzo. Miro hacia adelante. No quedo atrapado en lo que ocurrió — sigo adelante, escuchando la voz de Dios.

Y te digo:

No creas solo porque yo lo estoy diciendo. Cree porque es Dios quien está hablando. Es inevitable: las bendiciones alcanzan a quienes viven la disciplina de la Palabra.

Por lo tanto, con o sin motivación, la decisión es esta: asume un compromiso con Dios, contigo mismo y con quienes más importan en tu vida.

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Colaborador

Obispo Renato Cardoso