Blog Renato Cardoso | 29 de agosto de 2019 - 08:00


¡Llegue a donde quiere!

Usted nunca llegará a ningún lugar sin salir de donde está. Parece una afirmación obvia y la propia ley de la física afirma que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo lugar, mucho menos dos lugares al mismo tiempo. Usted tuvo que salir de su casa para llegar al trabajo. No puede llegar a ningún lugar sin salir de donde está. Esto no se aplica solo a lugares físicos, sino a una mejor condición de vida.

Si quiere recibirse en la facultad, por ejemplo, usted debe salir de la ignorancia, salir de la pereza, de no querer estudiar, debe ir a la facultad cinco días a la semana. Un día podrá decir: “¡Me recibí!”.

Si quiere ser feliz en el amor con una persona, usted debe dejar otras relaciones. Nadie será feliz en el amor sin dejar al amante, a los affairs. Y, aun después de haberse casado, debe dejar la vida de soltero. Es necesario dejar el ámbito de la soledad, de la soltería, del egoísmo. Y permitir que los principios que rigen el matrimonio prevalezcan.

Usted quiere recibir el Espíritu Santo, quiere recibir a Dios en su vida. El nombre ya lo dice: el Espíritu Santo. Usted no recibirá el Espíritu Santo sin dejar el pecado, la suciedad. Dios no reinará en su vida si no deja sus voluntades y no coloca la voluntad de Dios en primer lugar.

Usted comienza a notar que es imposible llegar a cualquier lugar sin salir de donde está. Y esto Dios lo muestra en Su Palabra, de manera muy clara, a través del llamado de Abraham. Siempre que Dios llamó a alguien para algo más grande, ese alguien tuvo que dejar su vida, su lugar, sus caprichos, las creencias del lugar donde se encontraba. Así fue con Moisés, con David, con José y con todos los demás que siguieron al Dios vivo.

Usted puede estar cómodo con la vida que tiene, pero esto no quiere decir que esté realizado. Hay una insatisfacción en su interior, como había en Abraham, que no podía tener hijos, porque su mujer era estéril. Fue lo que produjo la cercanía de Dios hacia él. Y cuando Dios lo llamó diciéndole: “Vete de tu tierra (…), a la tierra que te mostraré”, él comprendió que, primero tenía que salir de donde estaba, cambiar lo seguro por lo dudoso, que en realidad era lo dudoso por lo seguro.

No se olvide: si quiere un cambio de vida, debe dar el paso de fe, sacrificar lo que tiene: cosas, lugares, personas, creencias, afectos, opiniones, apegos. Dejar todo eso e ir en dirección a lo que Dios le muestra. Seguir la voz de Dios y la de nadie más.

(También puede escuchar el audio de arriba de 8 minutos).

 

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