LA MURMURACIÓN GENERA MALDICIÓN (y puede ser silenciosa)
Quejarse de la vida puede parecer normal, pero revela un corazón que se pone por encima del Creador
Murmurar no es algo pequeño. La Palabra de Dios muestra que la murmuración no solo genera consecuencias aquí en la Tierra, sino que también expone a la persona al Juicio Divino. Cuando alguien murmura, aun sin darse cuenta, está cuestionando la justicia, la bondad y la autoridad de Dios.
En la carta de Judas — un libro poco citado del Nuevo Testamento — encontramos una advertencia directa. En el capítulo 1, versículo 16, el texto describe a los murmuradores como personas que se quejan de su propia suerte, siguen sus propios deseos, hablan con arrogancia y admiran a otros por interés. Esta descripción sigue siendo actual porque revela la esencia del ser humano.
Cuando quejarse se convierte en una afrenta
La murmuración es, en la práctica, una queja contra la autoridad divina. Transmite la idea de que Dios falló, de que no ve, no se interesa o no es justo. Por eso, la Biblia afirma que los murmuradores quedan expuestos al juicio.
Además, existe una forma aún más peligrosa: la murmuración silenciosa. Cuando la persona no encuentra a alguien que escuche sus quejas, guarda silencio externamente, pero continúa reclamando en su interior, alimentando pensamientos de injusticia, victimismo y comparación.
Dios escucha incluso lo que no se dice
Muchos creen que, por no expresar nada en voz alta, están a salvo. Sin embargo, Jesús enseñó que Dios conoce los pensamientos. En Mateo 9, al perdonar a un paralítico, respondió a los escribas que solo pensaban mal en sus corazones. Es decir, la murmuración comienza en el pensamiento y ya allí produce daño espiritual.
“Mi suerte es mala”, ¿lo es realmente?
Quien murmura suele quejarse de su suerte, del destino o de la vida que lleva. Sin embargo, suele ignorar que gran parte de lo que vive es consecuencia de sus propias decisiones. No todo está bajo nuestro control, es cierto, pero somos totalmente responsables de cómo reaccionamos ante lo que nos sucede.
Todos enfrentan problemas. La diferencia está en cómo los afronta cada uno.
Una advertencia necesaria
Compararse con otros, envidiar vidas aparentes y alimentar quejas solo produce desgaste espiritual. Nadie está libre de luchas, aunque no todas sean visibles.
Por eso, la advertencia es clara:
- Si vas a hablar, habla lo que edifica.
- Si vas a pensar, piensa en lo que agrada a Dios.
- Y si surgen pensamientos negativos, busca la oración, la alabanza y la Palabra.
No conviertas tu vida en un tribunal contra Dios. Un día, todos rendiremos cuenta de las palabras dichas — y también de las pensadas.
En este video, entenderás cómo lidiar con estos pensamientos y evitar que la murmuración, incluso silenciosa, genere consecuencias negativas en tu vida.
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