JESÚS PROHIBIÓ ESTO, PERO HOY ES UN HÁBITO
Un mandamiento de Jesús poco citado, pero decisivo para quien no quiere perder la fe en medio del desierto
Existe una palabra del Señor Jesús que rara vez se cita y que, por eso mismo, llama mi atención. En Juan 6:43, Él declaró de manera directa: “No murmuren entre vosotros”. No fue una sugerencia ni un consejo. Fue una orden clara.
En ese momento, Jesús enseñaba en la sinagoga y explicaba que Él era el verdadero pan que descendió del Cielo. Sin embargo, esa afirmación incomodó a los judíos, que comenzaron a murmurar, criticar y cuestionar quién pensaba Él que era. Ante esto, Jesús, sabiendo lo que se decía entre ellos, los reprendió de inmediato. Lo hizo porque conocía el peligro de la murmuración.
Por qué la murmuración es tan peligrosa
Antes que nada, necesitamos reconocerlo: todos nosotros ya hemos murmurado en algún momento. No obstante, es necesario entender que nadie llega a un buen lugar murmurando. La murmuración conduce al tropiezo, debilita la fe y termina en fracaso.
No es casualidad que el pueblo que salió de Egipto no haya entrado en la Tierra Prometida. Aunque fue liberado por Dios, eligió quejarse en el desierto en vez de confiar. Como resultado, perdió la promesa.
El problema no es el desierto
Es importante destacar que Dios lleva al desierto a quienes desea enseñarles, madurar y preparar para algo más grande. Sin embargo, muchos transforman ese tiempo de aprendizaje en un campo de quejas. En lugar de aprender, murmuran. Cuestionan la prueba, el tiempo y el proceso. Así, terminan pereciendo en el camino.
Por lo tanto, el desierto no destruye a nadie. La murmuración, sí.
La murmuración se propaga
Además, la murmuración no queda restringida a una sola persona. En el propio capítulo 6 de Juan, comienza entre los judíos y, poco después, alcanza a los discípulos. Algunos de ellos empezaron a decir que el discurso de Jesús era demasiado duro y decidieron abandonarlo.
Esto confirma una verdad: la murmuración nunca termina bien.
Por esa razón, es esencial prestar atención a los ambientes que frecuentamos. Los murmuradores se agrupan con facilidad. Hoy aparecen en grupos, redes sociales, ámbitos de trabajo e incluso dentro de la familia. La murmuración contamina, debilita y destruye la fe de quien habla y de quien escucha.
Un mandamiento para guardar
Por último, recuerda: cuando murmuras, te maldices a ti mismo e influyes negativamente en los demás. Por eso, guarda este mandamiento del Señor Jesús, poco citado, pero extremadamente necesario: “No murmuren entre vosotros”.
Marca este versículo en tu Biblia. Y cuando lleguen las adversidades y los desiertos, conviértelos en una oportunidad para madurar.
No uses tu boca para murmurar.
Porque, mientras murmuras, tu oportunidad pasa.
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