thumb do blog Renato Cardoso
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JESÚS CITÓ ESTE TRECHO COMO UNO DE LOS MÁS IMPORTANTES DE LA BIBLIA

Porque escuchar la voz de Dios continúa siendo la clave para una vida exitosa y una familia protegida

Vivimos en una generación que escucha de todo: noticias, opiniones, entretenimiento, redes sociales. Sin embargo, paradójicamente, pocos realmente se detienen a escuchar la voz de Dios. Y por eso la orden bíblica sigue siendo tan actual como urgente: “Escucha, oh, Israel…” (Deuteronomio 6:3).

En medio de tantas voces, elige escuchar la correcta

En primer lugar, Dios no habla por casualidad. Él repite, insiste, llama la atención. A lo largo de las Escrituras, vemos este llamado constante: “El que tiene oídos para oír, que oiga”.

Pero aquí está el problema: las personas escuchan mucho, pero prestan poca atención.

Hoy, con auriculares todo el tiempo, contenidos infinitos y distracciones constantes, escuchar a Dios se ha convertido en una elección — y en una elección poco común. No es para cualquiera. Es para los sabios, para los prudentes, para los que deciden filtrar el ruido y prestar atención a lo que realmente importa.

El éxito no se persigue, se construye

A continuación, la Palabra revela algo que va en contra del pensamiento común: el éxito no debe ser perseguido.

¿Parece extraño? Pero tiene todo el sentido.

La mayoría corre detrás de resultados: dinero, estatus, reconocimiento. Sin embargo, quien vive así muchas veces se pierde en el camino. Desarrolla ansiedad, atropella valores, pasa por encima de las personas y, cuando finalmente llega a donde quería (si es que llega), se da cuenta de que sigue vacío.

Por el contrario, Dios enseña el camino correcto: escucha, obedece y guarda Sus mandamientos.

¿El resultado? El éxito como consecuencia.

Es decir, construyes el éxito al tomar decisiones correctas todos los días. No es un destino, sino el resultado natural de una vida alineada con Dios.

Un solo Señor y ninguna competencia

Además, la Palabra es clara: “El Señor nuestro Dios es el Único Señor”.

En la época en que esto fue declarado, las personas adoraban a varios dioses. Había “soluciones espirituales” para todo: fertilidad, lluvia, dinero, venganza.

Hoy, esto no ha cambiado tanto como parece.

Muchos aún viven divididos, poniendo su confianza en distintas cosas: objetos, supersticiones, personas, dinero, suerte. En la práctica, siguen sirviendo a varios “señores”.

Pero Dios no acepta competencia.

Él no quiere ser “uno más” en tu vida. Exige exclusividad.

Dios no acepta la mitad

Y aquí entra un punto decisivo: Dios no acepta una entrega parcial.

La orden es clara: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Esto elimina cualquier posibilidad de “más o menos”, “casi”, “cuando se puede”.

O te entregas por completo o todavía no te has entregado.

Esta verdad confronta, pero también libera. Porque cuando decides vivir 100% para Dios, tu vida comienza a encontrar dirección, claridad y propósito.

El papel de los padres: enseñar con el ejemplo

Por último, el mensaje trae una responsabilidad que muchos han descuidado: enseñar la Palabra de Dios a los hijos.

Y no de manera ocasional, sino constante:

  • En casa;
  • En el camino;
  • Al acostarse;
  • Al levantarse.

Es decir, en la vida diaria.

Ahora piensa: ¿cuándo fue la última vez que hablaste de Dios con tus hijos?

Hoy, muchos padres invierten mucho en la educación académica: escuela, cursos, universidad, lo cual es importante. Sin embargo, dejan de lado la enseñanza más esencial: la espiritual.

El resultado aparece más adelante.

Hijos que saben mucho sobre el mundo, pero poco sobre Dios. Que tienen información, pero no dirección.

Por el contrario, cuando enseñas la Palabra desde temprano, plantas algo poderoso dentro de ellos. Incluso si en algún momento eligen caminos equivocados, sabrán que existe un camino correcto y podrán volver.

Protegiendo el futuro de tu familia

Por lo tanto, la protección de tus hijos no está solo en lo que les das, sino en lo que les enseñas y vives delante de ellos.

La Palabra de Dios necesita salir del papel y entrar en la rutina.

Debe ser hablada y practicada.

Porque, al final de cuentas, eso es lo que verdaderamente enriquece a una persona: no solo conocer la Palabra, sino asimilarla y vivirla cada día.

Y todo comienza con algo simple, pero poderoso: escuchar.

Mira el video y entiende: escuchar a Dios no es solo oír, es poner en práctica lo que Él dice.

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Colaborador

Obispo Renato Cardoso