DIOS NO SOLO HABLA, ÉL DIBUJA
Cuando la falta de fe se revela en la murmuración
La idolatría es uno de los pecados más ofensivos para Dios. Y hay una razón para eso. Es comparable al dolor de una traición en un matrimonio.
Quien ya pasó por eso lo sabe: es como una puñalada por la espalda, como perder un miembro del cuerpo. El dolor es profundo. De la misma manera, la idolatría representa el intercambio del Creador — el Dios vivo, único y verdadero — por algo falso.
Puede ser una imagen, un amuleto, un horóscopo, una entidad, un objeto o incluso un placer. Aun así, es idolatría. Y, aunque Dios la condena desde el Génesis hasta el Apocalipsis, la humanidad insiste en ignorar las lecciones del pasado.
Cuando el placer se convierte en un dios
El Texto bíblico dice que “el pueblo se sentó a comer y a beber, y se levantó a regocijarse” (Éxodo 32:6).
Hoy, esto es más actual que nunca.
Muchos han pasado a idolatrar la diversión, el placer y la ociosidad. Detestan el trabajo, murmuran contra la rutina y viven contando los días para huir de las responsabilidades. Basta con que llegue el domingo por la noche para que empiecen las quejas por el lunes.
Sin embargo, el trabajo es digno. Construye, enseña y fortalece. El problema no está en la rutina, sino en el corazón que se niega a aprender de ella.
La murmuración atrae destrucción
Pablo es aún más directo cuando habla de la murmuración:
“Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos por el destructor”. (1 Corintios 10:10).
Nada ha cambiado. La murmuración sigue produciendo el mismo efecto.
El pueblo que salió de la esclavitud de Egipto caminaba rumbo a la Tierra Prometida. El trayecto podría haber durado alrededor de un año y medio. Sin embargo, debido a las quejas constantes, se transformó en cuarenta años en el desierto.
Siempre había un motivo para murmurar: falta de agua, falta de comida, nostalgia de Egipto, cansancio del Maná. Nada era suficiente.
Murmurar es falta de fe
El Salmo 106 revela la raíz del problema:
“Aborrecieron la tierra deseable, no creyeron en su palabra, sino que murmuraron…”.
- La murmuración es falta de fe;
- es no confiar en Dios;
- es no entender el proceso;
- es despreciar el camino entre Egipto y la Tierra Prometida.
No existe gran victoria sin gran lucha. No existe gran testimonio sin sufrimiento. El desierto forma parte del camino.
Cuide tu boca
Nunca tendremos un mundo perfecto. Las cosas jamás estarán cien por ciento a nuestro gusto. Somos falibles — muchas veces, incluso somos la causa de la queja de otras personas.
Por eso, adopta una regla simple para tu vida: si no puedes hacer nada al respecto, entonces cierra la boca.
¿No puedo controlar el clima? Entonces no me quejo.
¿No puedo cambiar todo en el país? Entonces hago mi parte y oro.
Murmurar solo atrae al destructor y provoca a Dios.
Para prevalecer, elije el silencio y la oración
En este video, entenderás por qué Dios permite procesos y desiertos antes de la Tierra Prometida, y cómo la murmuración atrae al destructor, retrasando sueños, conquistas y, principalmente, poniendo en riesgo la vida eterna.
Comienza la semana confiando y no murmurando.
Quien cree, prevalece.
Quien murmura, perece.
Y si no encuentras nada bueno para decir, recuerda: el silencio vale oro.
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