DIJISTE: “NUNCA MÁS”. Sí, claro…
Entre promesas y actitudes: el peligro de vivir una fe solo de palabras
La verdadera fe no se muestra solo en lo que decimos, sino, principalmente, en lo que hacemos. Muchas personas saben decir lo que es correcto, lo que Dios quiere escuchar e incluso lo que otros quieren escuchar. Sin embargo, cuando llega el momento de actuar, la práctica muestra algo diferente.
Esta distancia entre decir y hacer es más común de lo que parece.
Promesas hechas en momentos de presión
En Jeremías 2:20, Dios expone ese comportamiento del pueblo de Israel:
“Porque desde hace tiempo rompí tu yugo y arranqué tus coyundas; pero dijiste: ‘No serviré’…”.
Es decir, cuando Dios los liberaba de las dificultades y rompía el yugo de la opresión, el pueblo prometía que no se equivocaría nunca más. En el impulso de la gratitud o de la emoción, afirmaban que serían fieles.
Sin embargo, poco tiempo después, volvían a cometer los mismos errores.
Esto también ocurre hoy en día. Cuando alguien es confrontado por un error, rápidamente pide perdón y promete cambiar. Muchas veces incluso llora y hace promesas para darle peso a sus palabras. Sin embargo, después del momento de la presión, repite el mismo comportamiento.
Lo que enseñó Jesús
Por eso Jesús enseñó algo simple: el cristiano no necesita jurar. El “sí” debe ser sí, y el “no” deber ser no. Cuando las palabras necesitan muchas promesas, generalmente es porque a perdieron peso.
Además, es importante entender que las lágrimas no siempre significan arrepentimiento. Muchas personas se entristecen por haber sido descubiertas, pero no por haber cometido errores.
El verdadero arrepentimiento aparece en el cambio de actitud.
Fe dividida
Dios también comparó el comportamiento de Israel con una infidelidad espiritual. El pueblo decía que creía en Él, pero al mismo tiempo, buscaba otros dioses.
Hoy vemos algo parecido cuando alguien afirma creer en Dios, pero también deposita su confianza en supersticiones, amuletos u otras creencias.
Es una fe dividida—y Dios no acepta la división.
Examina tu voluntad
En el fondo, el problema no está en las palabras, sino en la voluntad. Muchas personas dicen lo que saben que está bien, pero desean vivir a su propia manera.
La verdad es que nadie puede engañar a Dios.
Por eso, vale la pena reflexionar: ¿existe coherencia entre lo que dices y lo que haces?
Podemos engañar a las personas,
pero nadie puede engañar a Dios.
Mira el video y entiende por qué decir no es lo mismo que arrepentirse.
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