¡CRISTIANO, NO TRISTÓN!
Cuando el consumo se convierte en anestesia para un dolor que solo la fe puede curar
Casi nadie reflexiona sobre esto, pero vale la pena enfrentar esta verdad con honestidad. Para quien es cristiano, resulta evidente que el dinero suele usarse como un medio para intentar alcanzar lo que solo puede satisfacer el alma.
Lo que parece consumo, en realidad es búsqueda
Veamos algunos ejemplos sencillos.
Cuando alguien compra una entrada para una fiesta, organiza un evento o alquila un espacio, no está comprando la fiesta en sí. En la práctica, esa persona busca alegría, pertenencia, diversión. La fiesta es solo el medio. Del mismo modo, quien viaja no busca el avión, el hotel o el itinerario turístico. Lo que quiere es escapar — huir de la rutina, del dolor, de la monotonía buscando nuevas sensaciones. El viaje se convierte solo en un vehículo para ese escapismo.
Muchos intentan llenar el vacío del alma con cosas y distracciones, pero pronto se dan cuenta de que lo que se compra nunca satisface lo que el alma realmente busca. Shoppings, fiestas, bebidas y viajes distraen por un momento, pero solo tapan la herida, como un vendaje que oculta el problema sin tratarlo ni curarlo.
¿Y cuando alguien da o recibe regalos? El regalo lleva un mensaje silencioso: “tienes valor” o “me importas”. Curiosamente, muchas veces ese valor no se demostró durante todo el año, pero se intenta compensar todo en un solo día.
El alma pide, el bolsillo paga
Además, pensemos en el uso del alcohol o de las drogas. Nadie compra eso porque quiera hacerse daño. Las personas buscan escape, desinhibición, una valentía artificial. Saben que hace mal, pero aun así recurren a eso porque el dolor del alma habla más fuerte.
Cuando comenzamos a analizarlo con sinceridad, notamos algo incómodo: gran parte de estos comportamientos es artificial. Es como poner un vendaje sobre un problema grave. Alivia por un instante, pero no cura.
El cristiano, en cambio, entiende que lo que satisface no está en lo exterior. La verdadera alegría proviene de un alma resuelta, que nos permite ver lo que de verdad importa. Al contrario de lo que muchos piensan, ser cristiano no es tedioso, aburrido ni insípido. Simplemente entendemos que la realización no viene de las cosas ni de las personas.
Cuando lo poco se vuelve mucho
Quien conoce al Creador aprende a valorar lo simple: el cielo azul, el sol de la mañana, un nuevo día, la paz al abrir la puerta de casa. Lo poco se vuelve mucho, porque el corazón está lleno.
El apóstol Pablo lo resumió bien cuando dijo que el mensaje de la cruz parece locura para algunos, pero para otros es poder de Dios (lee 1 Corintios 1:18). Esa alegría sin un motivo aparente, esa satisfacción profunda, realmente no tiene sentido para quien aún no la ha experimentado.
Una invitación a la sanación del alma
Yo puedo señalar el camino, pero caminarlo es una decisión tuya. Reflexiona y busca lo que realmente importa. Ese camino está más cerca de lo que imaginas: en una Biblia, en una casa de oración o simplemente en una conversación sincera con Dios.
Dile que estás cansado de buscar satisfacción en cosas que no satisfacen. Si Lo buscas de todo corazón, puedes estar seguro: tú también Lo encontrarás.
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