CORRIENDO IGUAL QUE UN PAVO EN VÍSPERAS DE NAVIDAD
Cuando las corridas de fin de año roban lo esencial y nos alejan de la mejor parte
Quiero invitarte, por la fe, a hacer un viaje conmigo. Un viaje en el tiempo, hasta los días de Jesús. Imagina la escena: Él camina por caminos polvorientos, de ciudad en ciudad, acompañado por los discípulos. Cansado de la caminata, entra en una aldea y es recibido en la casa de una mujer llamada Marta. Allí también estaba María, su hermana.
Mientras Marta se ocupa de muchos quehaceres, María hace algo sencillo — y profundo: se sienta a los pies de Jesús para escuchar Su Palabra.
Marta, María y el retrato de fin de año
Esta es una de las historias más conocidas de la Biblia. Y no es casualidad. Revela mucho sobre nosotros, especialmente en esta época del año. A fin de año, mucha gente corre, se agita y se ocupa, pero no siempre avanza, porque se deja llevar por las distracciones del momento y no desacelera para reflexionar sobre lo que realmente importa para que el próximo año sea mejor.
Correr como pavo en vísperas de Navidad no es inteligente.
El fin del calendario trae consigo una agitación casi inevitable: compromisos, compras, viajes, expectativas, exigencias, comparaciones. Y, en medio de todo eso, muchos confunden movimiento con progreso.
Marta representa bien ese espíritu. Ella no estaba haciendo nada malo. Al contrario: quería servir, quería ser una buena anfitriona, quería hacerlo todo de la mejor manera. El problema no era el servicio, sino la distracción. Se perdió en lo mucho que debía hacer y dejó de lado lo más importante.
Jesús fue directo al punto:
“Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas…” (Lucas 10:41)
Jesús no entró para recibir, sino para dar
Hay un detalle precioso en esta historia: Jesús no entró en la casa de Marta para ser servido. Entró para dar la Palabra. Dar dirección. Dar vida.
Marta pensaba que necesitaba ofrecerle algo a Jesús, cuando en realidad era ella quien necesitaba recibir. María entendió eso. Por eso eligió la mejor parte — y Jesús afirmó que esa parte no le sería quitada.
¿Cuántas veces hacemos lo mismo? Intentamos “hacer cosas para Dios”, pero no nos detenemos para estar con Dios.
Y es precisamente aquí donde esta lección se conecta con nuestra rutina — especialmente en esta época del año—. Porque, así como Marta, muchos se pierden en la carrera, confundiendo movimiento con propósito.
La buena agitación y la agitación vacía
Sí, existe una buena agitación. Aquella que nace de un propósito digno, de algo que realmente importa. Cuando luchamos por aquello que tiene valor eterno, el esfuerzo tiene sentido.
Pero también existe la agitación vacía — la que solo ocupa, distrae y cansa. Es la carrera que nunca termina, porque trabajo siempre habrá. Quien quiere trabajar, siempre encuentra algo para hacer. El riesgo es permitir que esos quehaceres nos alejen de lo esencial.
Y el fin de año intensifica esto. Las personas corren contra el reloj, preocupadas por fechas, apariencia, fiestas, viajes, expectativas ajenas. Se corre tanto que, muchas veces, se olvida a Jesús justamente en el período en el que, simbólicamente, más se habla de Él.
Quietud: una elección a contracorriente
Me pregunto — y te invito a preguntarte también — si esta época no sería más provechosa como un tiempo de quietud y no de agitación. Un tiempo de reflexión, de evaluación de los caminos, de ajuste de actitudes, de decisiones conscientes para el nuevo año.
Mientras el mundo corre para impresionar a las personas, María nos enseña a impresionar al Cielo. Ella no se preocupó por los juicios ni por la presión a su alrededor. Sabía que aquella oportunidad era única.
Y esa oportunidad sigue estando disponible.
Una invitación personal
Cuidado con las distracciones. A veces la carrera es tan intensa que la persona se irrita con quienes no acompañan su ritmo —e incluso con Dios. Marta llegó al punto de querer darle órdenes a Jesús. Eso sucede cuando perdemos la simplicidad.
Dios es simple. Y solo los simples logran escucharlo.
Por eso, mi invitación es esta: reserva tiempo para estar a los pies del Señor Jesús. Lee la Biblia. Ora. Ve a la iglesia. Desacelera el alma. Elige la mejor parte. Porque, en medio de tanta carrera, la fe también es saber detenerse — y escuchar la voz de Dios.
Mira el video y replantea tus prioridades.
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