7 SÍNTOMAS DE LA ACOMODACIÓN ESPIRITUAL (Parte 3)
El quinto síntoma de la acomodación espiritual revela una autodefensa peligrosa
Dando continuidad a nuestra serie sobre los siete síntomas de la acomodación espiritual, llegamos al quinto signo — y quizás uno de los más sutiles. Si no has seguido los anteriores, te recomiendo que los veas. Porque la acomodación no surge de golpe. Se instala poco a poco. Y justamente ahí radica el peligro.
El peligro de lo gradual
La comodidad es imperceptible. No toca a la puerta avisando que ha llegado. Al contrario, se infiltra.
Me gusta usar el ejemplo de la silla. Cuando te sientas, al principio mantienes la postura erguida, la espalda alineada, la cabeza en alto. Pero, después de unos minutos, el cuerpo comienza a ceder. Los hombros caen, la cadera se desliza, la cabeza se relaja. Cuanto más tiempo permaneces allí, más te acomodas.
Ahora piensa en una terminal de aeropuerto. Allí, por ejemplo, la persona cansada ya no se preocupa por la postura ni por quién la está mirando. Entonces, poco a poco, se encoge en la silla, porque el cuerpo, simplemente, ha llegado a su límite.
Así también ocurre en la vida espiritual. Si no vigilas, vas cediendo. Y cuando te das cuenta, ya te has acomodado.
La búsqueda del menor esfuerzo
La naturaleza humana siempre busca lo mínimo necesario. ¿Cuál es el menor esfuerzo para ganar dinero? ¿Para mantener la casa limpia? ¿Para cumplir una obligación?
Trasladamos esa lógica a la fe. Y eso es desastroso.
Porque cuando comienzas a buscar el menor esfuerzo espiritual, entras en riesgo. Tu conciencia se vuelve laxa. La vigilancia disminuye. Y entonces surge el quinto síntoma.
“Dios sabe” — la justificación clásica
El quinto síntoma de la acomodación espiritual es el siguiente: la persona empieza a justificar sus fallas y omisiones con frases como:
- “Dios sabe”.
- “No es tan así”.
- “Dios es mi testigo”.
Ten cuidado cuando convocas a Dios para tu defensa.
En lugar de asumir el error, la persona transfiere la responsabilidad. Distorsiona los hechos. Suaviza el pecado.
Curiosamente, estas expresiones aparecieron por primera vez en el Jardín del Edén. La serpiente distorsionó las palabras de Dios diciendo: “¿Así que Dios ha dicho?” — sugiriendo algo que Él no había dicho de esa manera.
Después afirmó: “Dios sabe…”
¿Notas la sutileza? Medias verdades. Distorsiones. Justificaciones.
Y así fue como Eva cayó.
No existe defensa para el pecado
Cada vez que te sorprendas diciendo — aunque sea solo en tu interior — “Dios sabe”, para justificar algo incorrecto, enciende la alerta.
Si te has equivocado, te has equivocado.
Lo mejor es no errar. Obedecer siempre será mejor que sacrificar. Sin embargo, si ya has fallado, haz lo correcto de inmediato: arrepiéntete, confiesa a quien corresponda y repara.
El peor camino después del error es intentar ocultarlo. Mentir para encubrirlo. Buscar culpables. Crear versiones alternativas. Tal vez logres esconderlo de las personas. Pero ¿de Dios?
Al final, estarás delante de Él. Y allí no habrá argumento que valga.
Dios no aceptó la excusa de Adán y Eva. Tampoco aceptará justificaciones basadas en la acomodación espiritual.
Rápido para corregir
Cuando estamos en la fe, actuamos de dos maneras:
- Nos mantenemos alertas para no caer.
- Y si resbalamos, somos rápidos para corregirlo.
Jesús le dijo a la mujer adúltera: “Vete, desde ahora no peques más”. (Juan 8:11). Él no cambió su pasado, pero determinó su futuro.
Si has caído en este síntoma, todavía hay tiempo. No prolongues el error. Ni le eches la culpa a Dios. No la transfieras a terceros. Mira hacia dentro y di: “Me equivoqué.”
Al sincero que confiesa, Dios le concede arrepentimiento y misericordia. Pero al hipócrita que encubre, solo le queda el juicio.
Por lo tanto, examínate. Si notas que has estado usando “Dios sabe” como escudo, abandona hoy esa postura. Corrige lo que deba ser corregido.
Si alguna vez te has visto justificando actitudes, suavizando decisiones equivocadas o buscando argumentos para sentirte mejor, este video es una invitación a la autoevaluación, sin culpa, pero con sinceridad.
Mira el video hasta el final y permite que Dios te muestre lo que necesita ser ajustado.
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