Juan 21: Olvídese de los peces
Entienda el Propósito de Juan, cómo hacerlo, y acceda a todos los comentarios aquí.
Este es nuestro último comentario – por eso es más largo que los anteriores. Pero vale la pena leerlo hasta el final.
²⁰ …Jesús y había dicho: Señor, ¿quién es el que te va a entregar?
²¹ Entonces, Pedro, al verlo, dijo a Jesús: Señor, ¿y este, qué?
²² Jesús le dijo: Si yo quiero que él se quede hasta que yo venga, ¿a ti, qué? Tú, sígueme. ²³ Por eso el dicho se propagó entre los hermanos que aquel discípulo no moriría; pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si yo quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti, qué?
²⁴ Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y el que escribió esto, y sabemos que su testimonio es verdadero.
²⁵ Y hay también muchas otras cosas que Jesús hizo, que si se escribieran en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría contener los libros que se escribirían.
Olvídese de los peces
El relato de Juan termina con la escena de otro encuentro del Jesús resucitado con los discípulos, esta vez a la orilla del mar de Galilea. Él permaneció en la Tierra 40 días después de Su resurrección —dando señales, enseñando, exhortando y preparando a los discípulos para el inicio de la Iglesia.
En ese encuentro específico, solo 7 de los 11 discípulos estaban presentes. ¿Dónde estaban los otros cuatro? La vez anterior, Tomás no estaba y perdió el primer encuentro con el Señor. Pero, esta vez, fue mencionado entre los siete. Parece que aprendió la lección: su lugar estaba con los discípulos.
Muchos cristianos pierden bendiciones y oportunidades de crecimiento espiritual por no estar presentes en la iglesia y por no unirse a los otros discípulos que están sirviendo al Señor. Quieren que el Señor se les aparezca individualmente. Note que todas las veces que Jesús apareció a los discípulos después de la resurrección fue a los que estaban juntos.
¿Ve usted en la iglesia personas que sirven a Dios con sinceridad y prontitud? Únase a ellas, si quiere recibir más de Dios. Porque:
Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Mateo 18:20
No es que Dios no esté cerca de quien está solo. Es que Él honra a los que quieren servir juntos, pues juntos podemos más.
Toda esta escena de la pesca parece tener un simbolismo muy grande. Jesús nunca hizo ni dijo nada por casualidad. ¿Por qué eligió aquel momento y lugar para aparecerse a ellos?
Los discípulos estaban allí un tanto perdidos sobre qué debían hacer después de los acontecimientos de los últimos días. Pedro, de repente, vino con la idea: «Voy a pescar». Y los otros simplemente decidieron acompañarlo.
Sabemos que Pedro era pescador, pero, desde su encuentro con Jesús, había sido llamado a dejar las redes y convertirse en pescador de hombres. ¿Estaría pensando ahora en volver a la vida de pescador? ¿Habría pensado que «fue bueno mientras duró» y que, ahora que el Señor ya no estaba al lado de ellos para alimentarlos, necesitaba encontrar una manera de volver a la “normalidad” y cuidar de su propia
vida? No sabemos qué pasaba por su mente, pero parece muy clara la lección que Jesús les dejó allí en la playa. Con una sola palabra, los ayudó a tener una pesca abundante. Cuando llegaron a la orilla, Jesús ya había preparado pan y pescado para ellos y nuevamente les dio de comer. El mensaje era: «No se preocupen por los peces. No les faltará comida mientras estén Conmigo. Salgan del mar y vayan tras las personas. Ellas sí necesitan de ustedes. Ustedes son pescadores de almas, ¿lo recuerdan? Cuiden de Mis ovejas y Yo cuidaré de ustedes».
¿Cuántas veces queremos volver a la vida antigua, con nostalgia de cosas de la vida antes de Jesús? No extrañamos el sufrimiento, claro, pero podemos ser tentados por aquellas cosas que nos daban placer. Tenemos que cuidar de no caminar hacia atrás.
¿Cuántos fueron llamados para ganar almas, pero, con el tiempo, volvieron a preocuparse solo por sí mismos?
Vea también cómo Jesús retribuye con abundancia. Cuando Él apareció entre los discípulos días antes, en Jerusalén, a puertas cerradas, «le presentaron parte de un pescado asado» (Lucas 24:42). Era todo lo que tenían. Ahora, Él les retribuyó con mucho más de 100 veces: 153 peces grandes. ¿Quién puede darle a Dios más de lo que Él da? ¿Cómo ser mezquino o tener miedo de renunciar a meras migajas para nuestro Señor, cuando Él, con una sola palabra, puede ordenar que las riquezas vengan hasta nosotros?
La otra parte de este capítulo nos muestra cómo Jesús trató el error de Pedro por haberlo negado tres veces. No lo avergonzó, no lo humilló ni le echó en cara su fracaso. Él sabía que Pedro ya había llorado amargamente y se había castigado a sí mismo. Jesús ciertamente vio la tristeza de Pedro, que volvió a manifestarse cuando el Señor le preguntó tres veces lo mismo.
La tristeza según Dios es para bien, pues produce arrepentimiento. Muchos no se entristecen por sus pecados; por eso, nunca se arrepienten ni logran vencerlos.
Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte.
2 Corintios 7:10
Como el Señor vio ese arrepentimiento sincero en Pedro, fue práctico y se enfocó solamente en lo que él debía hacer a partir de entonces. El pasado ya pasó. Si usted dejó de errar, lo que importa ahora es lo que hará para acertar.
Sin embargo, el Señor todavía tenía una lección para Pedro, relacionada con la forma en que este se preocupaba por los demás y competía con ellos. Por eso le preguntó: «¿Me amas más que estos?». Antes de negar a Jesús, Pedro le había dicho: «Aunque todos se aparten, yo, sin embargo, no lo haré» (Marcos 14:29). Pedro se creía más fuerte, más capaz y más fiel que sus compañeros. No debemos considerarnos mejores que los demás. Aunque procuremos ser mejores que todos, debemos, con humildad de espíritu, considerar a los otros mejores que nosotros, pues conocemos nuestras debilidades mejor que las de ellos. Incluso la fe y la santidad pueden hacernos orgullosos.
Pero, aun después de aquella pregunta, parece que Pedro todavía no había comprendido que debía preocuparse por sí mismo y no por la vida de los demás. Cuando el Señor lo llamó a seguirlo, Pedro fue, pero miró hacia atrás y vio que Juan también los seguía. Como Jesús acababa de decir el tipo de muerte que Pedro sufriría, este quiso saber también qué sucedería con Juan. Y fue entonces cuando Jesús le dio directamente una buena respuesta: «¿Qué a ti?».
Cuidar de nuestra propia vida ya da bastante trabajo. No necesitamos cuidar de la vida de los demás.
Y es con esta advertencia que terminamos el Desafío de Juan: cuide de su vida. Como usted habrá percibido al estudiar este libro, ella es preciosísima. El costo de ella fue la vida del propio Hijo de Dios. Por ese precio, usted recibió el derecho de ser hijo también. Ahora mismo, Jesús le hace la misma invitación que hizo a Pedro: «Sígueme».
¿Qué hacer ahora?
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- Comience a ser un seguidor de Jesús. Deje la religión, sea cual sea, pues esta es un sistema de hombres que le ata más de lo que le ayuda. Déjela y pase a cultivar una relación real con Dios a través de Su Hijo.
- Continúe meditando en la Palabra de Dios. Vea cómo este Propósito le fortaleció. ¿Por qué parar? Meditar en ella le ayudará a conocerlo mejor y le fortalecerá la fe a cada día. Frecuente una iglesia donde la Biblia es vivida por sus predicadores, y únase a otros cristianos que tengan el mismo espíritu. Una iglesia fuerte le hace fuerte. Pero no vaya allá para cuidar la vida de los demás. Basta la suya.
- Ayude a otros a que conozcan a Jesús. Después de cuidar de su propia salvación, esta es su mayor responsabilidad. Lo que Dios le dio no es solo para usted. La mejor manera de presentarles a Jesús a los demás es vivir como un verdadero hermano de Él. Deje que su Luz brille. Y aproveche todas las oportunidades para hablarle de Él a alguien.
Por último, un pedido. Si este Propósito de Juan lo bendijo, convenza a por lo menos tres personas de hacerlo. Páseles este link y motívelas a participar. Ellas pueden comenzar cuando quieran. Esta es la mejor manera de agradecerme – ¡ayudándome a llevar a otros a conocer a este Jesús que cambió mi vida y ahora la suya!
Muchas gracias. ¡Paz!
PD. Continúe visitando este blog para adquirir inteligencia espiritual.
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