¿POR QUÉ LOS PICOS DE DE$GRACIAS EN CIERTAS ÉPOCAS?
Por qué las épocas de fiestas revelan una ley silenciosa de la vida — y cómo nos protege la fe de las circunstancias
La fe revela un patrón que se repite todos los años: llegan los feriados, las fiestas, el fin de año — y, con ellos, aumentan los accidentes, las muertes, las traiciones, la violencia y los conflictos. Debería ser un tiempo de descanso, de familia, de alegría. Sin embargo, para muchos, termina convirtiéndose en un período de dolor, arrepentimiento y pérdidas irreparables.
Pero ¿por qué?
Cuando el descanso se convierte en exceso
Antes de hablar de cualquier aspecto espiritual, miremos lo evidente. En épocas de feriado, las personas tienden a soltar el freno. Lo que fue contenido a lo largo del año — deseos, ganas, impulsos — comienza a liberarse sin filtro.
Así, se exceden. Cruzan límites. La carne habla más fuerte. E, inevitablemente, aparecen las consecuencias.
Es aquí donde se manifiesta una verdad simple, pero dura:
Cuanto más haces lo que quieres, más encuentras lo que no quieres.
Nadie escapa a esta ley. Ni tú ni yo.
La ley que gobierna la vida
Siempre que damos rienda suelta a nuestras inclinaciones naturales, terminamos cosechando resultados indeseados. Curiosamente, lo contrario también es cierto. Cuando hacemos lo que no queremos — cuando contrariamos la voluntad del cuerpo — finalmente llegamos a donde queremos.
Piensa conmigo:
¿El cuerpo quiere levantarse temprano? No.
¿Quiere acostarse más temprano? No.
¿Quiere hacer ejercicio? No.
¿Quiere disciplina, renuncia y esfuerzo? Tampoco.
El cuerpo quiere comodidad, placer inmediato, descanso y excesos. Sin embargo, cuando elegimos el sacrificio, los resultados aparecen. Esto vale para la salud, para la vida económica, para las relaciones — y, sobre todo, para la vida espiritual.
Nada se conquista sin sacrificio
En este mundo, nadie conquista nada sin sacrificio. Aun así, muchas personas quieren el cielo sin renunciar a nada. Es una contradicción. No se sacrifican ni siquiera para alcanzar cosas terrenales, pero esperan recompensas eternas.
Cuanto más hago lo que quiero, más traigo a mi vida aquello que no quiero. En cambio, cuando aprendo a contrariar mi propia voluntad, comienzo a caminar hacia el bien que deseo alcanzar.
La guerra interior que todos enfrentamos
La Palabra de Dios lo deja muy claro en Gálatas 5:17:
La carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne
Existe una guerra dentro de nosotros. La voluntad humana quiere una cosa; el Espíritu de Dios quiere otra. Y cuando vencemos esa batalla interna, evitamos caer en las obras de la carne, precisamente aquellas que se intensifican en los períodos de fiesta: peleas, celos, excesos, vicios, conflictos y destrucción.
Las personas creen que están “disfrutando”, pero al final terminan siendo consumidas por aquello que eligieron seguir.
Someter la voluntad es protección
Por eso, el secreto no está en evitar fiestas, viajes o momentos de ocio. El secreto está en no dar rienda suelta a la carne, ni siquiera cuando nadie está mirando.
En la vida personal, en el silencio del cuarto, en las decisiones íntimas, rige la misma regla: si sigues a la carne, más adelante encontrarás dolor. Es inevitable.
Pero si quieres encontrar el bien, haz lo contrario: restringe la carne y somete tu voluntad a la voluntad de Dios.
Cuestiona tus deseos. Pregunta antes de decidir. Compara tus voluntades con la Palabra. Busca la dirección del Espíritu Santo.
La elección más segura
En caso de duda, no hagas tu voluntad. Haz la voluntad de Dios. Ella es buena, perfecta y agradable — siempre.
No hay contraindicaciones en obedecer a Dios. Nadie sale perjudicado por hacer Su voluntad. En cambio, seguir la propia carne… casi siempre termina mal.
Aquí queda mi invitación: antes de decidir, antes de actuar, antes de ceder al impulso, elige la fe y la obediencia. Esa elección simple puede librarte de dolores que podrían marcar tu vida para siempre.
Este video es una advertencia y una oportunidad.
Entender esto hoy puede evitar un gran dolor mañana.
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