Blog Renato Cardoso | 4 de septiembre de 2012 - 20:35


Sexo y yada,yada, yada

Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió…Génesis 4:1

¡Epa, despacio! Vamos a leer el versículo de arriba otra vez: Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió. Esperen… ¿De pronto Adán está conociendo a Eva y al minuto ella ya está embarazada? ¿Qué es eso? ¿Embarazo por apretón de mano? ¿Un simple hola y ella ya tiene un bebé?

Claro que no. Usted va a descubrir ahora la palabra usada en la Biblia para relaciones sexuales: conocer.

En las Escrituras, cuando era hecha alguna referencia al acto sexual, la palabra usada en hebreo era yada, que carga todos estos significados:

Yada: conocer, percibir, notar, observar, descubrir, experimentar, preocuparse por, entender, respetar, dejarse descubrir, familiarizarse con, darse cuenta de.

Note en esas palabras el uso de la inteligencia, de la mente, del cuidado de uno con el otro, la lenta exploración de lo que es la otra persona. No se percibe presa, egoísmo, ni apenas un simple placer carnal. El acto conyugal, según lo idealizado por Dios, es la cúspide del conocimiento mutuo entre el hombre y la mujer. Es el encuentro y el intercambio de cuerpos, almas y espíritus. Es la entrega total del uno para el otro, con el objetivo primordial de poner el placer de la otra persona en primer lugar.

Compare eso con lo que las personas entienden por sexo hoy en día. La banalización del sexo trajo una connotación de algo que usted puede tener con cualquier persona. No es necesario compromiso. ¿Casarse? Es opcional. No es necesario ni siquiera saber el nombre de la otra persona, menos conocerla. Es solo un momento de placer. Una eyaculación. Algunos “ahs” y “uhs”, a veces ni eso. Más placer de él que de ella. Sacar ventaja. Transar. Pasar el rato.

Pero no es solamente el sexo informal entre las personas sin compromiso lo que está banalizado. Hasta en los casados, la ignorancia les ha robado el verdadero placer y alegría del acto conyugal. Para muchos es un acto mecánico. Una tarea monótona. Un fardo.

Cuando la pareja practica el acto conyugal solamente pensando en sexo, en su propio placer orgásmico, está perdiendo la esencia de lo que realmente está haciendo. Están practicando el sexo, no el acto conyugal. Están solo prestándose los cuerpos e ignorando a sus dueños. Es por eso que después del acto, muchos se sienten hasta más distantes uno del otro que antes. Una sensación de haber sido usados.

El acto conyugal es la base del matrimonio. Es el momento para que ustedes se conozcan, se exploren, se entiendan, como en ninguna otra situación que puedan pasar juntos.

Pero para que eso suceda, tienen que rescatar el verdadero sentido de lo que Dios creó y designó como “relación conyugal”. Una responsabilidad especial sobre eso cae sobre el marido, pues él es quien debe buscar conocer a su esposa con el objetivo de realizarla sexualmente. Él debe colocarla en primer lugar, demorar su propio placer para que ella alcance el de ella. E inclusive antes de las preliminares, sin ni estar pensando en sexo, en todos los otros momentos, él debe buscar conocer a su mujer. Notarla. ¿Qué pasa en su cabeza? ¿Cuáles son sus sueños? ¿Sus temores? ¿Sus necesidades?

Ella a su vez, cuando se niega a tener relaciones con su marido, está colocando una barrera entre los dos. Al mismo tiempo que desea un marido más cercano, amigo y cariñoso, lo aparta cuando se resiste a la intimidad sexual. Tiro por la culata.

Déjeme abrir el verbo:

Mujer, Dios le hizo un ser altamente sexual para que su marido esté loco por usted. Él quiere tenerla. Por eso él la busca. No piense que es un pervertido por eso. No lo rechace. Pero claro, aproveche su motivación para hacer que la conozca mejor, que sea más íntimo suyo. No entregue apenas su cuerpo, sin que él trabaje para unirse a su alma y espíritu también.

Ah, si los matrimonios volvieran al plan original…

Regístrese en este blog y reciba el aviso de nuevos posts…

¡Compártalo!


Informe de error