Blog Renato Cardoso | 22 de Septiembre de 2021 - 10:25


IMAGÍNESE TENER QUE CARGAR ESTE JARRÓN POR TODA LA VIDA…

Una de las características de un psicópata o un sociópata es que él o ella es una persona incapaz de sentir culpa y empatía. Esto se considera una enfermedad, un trastorno mental, porque el ser humano naturalmente es programado para sentir culpa cuando se equivoca o peca.

La culpa no es solo una idea o un sentimiento, sino que es algo físico que sucede dentro de su ser cuando transgrede una ley o un principio moral. ¿Qué sucede cuando una persona le miente a alguien, por ejemplo? Inmediatamente, siente culpa. Pero el sociópata no. Él, a lo largo de la vida, sufrió mucho a causa de mentiras, engaños, traiciones y, así, fue perdiendo la empatía y la sensibilidad. Un asaltante, por ejemplo, no piensa que el dinero que roba en un banco es de las personas, solo piensa en el robo al banco.

La culpa es un peso. Imagínese si alguien le da un jarrón y debe cargarlo las 24 horas del día. Mientras usted se baña, duerme, come, trabaja, hace cualquier cosa, no puede separarse de él. Si usted intenta ponerlo sobre una mesa, alguien lo verá, entonces debe cargarlo. Es así como muchos viven. La culpa se transforma en enojo y la persona comienza a tener actitudes inversas para tratar de olvidar ese enojo; maltrata a los demás o señala sus errores para tratar de sacar los reflectores que están sobre ella.

Por eso, la Palabra de Dios dice: “… despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante…” Hebreos 12:1. Dios nos aconseja que nos libremos del peso, del pecado, ¿pero cómo? Solo hay una manera: arrepintiéndose de lo que cometió, confesando el error, pidiendo perdón y abandonando esa actitud. En el momento de la confesión y del pedido de perdón, el Señor Jesús toma ese jarrón y usted finalmente siente alivio.

Está escrito: “Tuya es la justicia, oh Señor, y nuestra la vergüenza en el rostro…” Daniel 9:7. Es decir, al asumir sus errores y confesarlos, usted se pone rojo de vergüenza, pero eso solo dura algunos segundos, porque usted vacía su corazón y después respira aliviado al recibir la misericordia de Dios.


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