Blog Renato Cardoso | 29 de octubre de 2011 - 03:25


Ella me irritó

Entré a una tienda solo para comprar una camisa, quizás dos. Soy del tipo de persona que ya sabe lo que quiere cuando va al centro comercial, por esto,  entro, compro y me voy.

Pero la vendedora fastidiosita insistía: “¿Usted no quiere llevarse unos pantalones también?” No, gracias. “¿Quizás unos jeans?” No, no. “Déjeme enseñarle estas camisas nuevas que llegaron esta semana, son lindas.” Ya estoy comprando dos. “¿Y zapatos? Mira estas medias…” ¡Arrgh! ¡Paciencia!

Caí en la tontería de decirle que viajaba mucho, y ella: “Déjeme enseñarle una maleta…” Casi le pregunté si ella tenía “ubicación” para vender, pero pensé que ella no entendería la pregunta.

No me tome mal, yo respeto a los caradura. Respeto también el hecho de que ella necesita su comisión. Pero todo lo que ella logró con su insistencia fue hacerme pensar dos veces en si regresaría allí. Es decir, lo que ella hizo no le aumentó su comisión de hoy y, probablemente, no recibirá otra en el futuro.

Jesús ya decía: Piensan que por su palabrería serán oídos. Mateo 6.7

Ni Dios soporta cantaletas. Los maridos no soportan esposas que hablan demasiado. Los hijos se tapan los oídos quando los padres viven sermoneando. Los funcionarios se cansan de las palabras vacías de la gerencia.

Si usted quiere ser oído:

  1. Acorte las palabras
  2. Sea claro
  3. Hable con convicción
  4. Solo hable cuando sea necesario

Así, cuando usted abra la boca, demandará mucha más atención.

 

 

 

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