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Vea al Espíritu Santo en el pastor tartamudo

“Usted nunca conseguirá ese empleo, ¡ni siquiera llegó a segundo grado!”; “Olvídese de ser madre, ¡usted es muy vieja!”; “Usted nunca va a tener éxito en la vida, ¡usted es ciego!”; “Nunca nadie la va a encontrar atractiva, ¡usted es muy gorda!”; “Aquel ascenso nunca será suyo, ¡usted es muy nuevo!”

En algún lugar del mundo existen personas que están escuchando o hasta pensando en esas exactas palabras. Esas personas, jóvenes y viejas, se pasan la vida creyendo que ellos o sus sueños nunca van a llegar a ningún lugar. Y la parte triste es que, mientras ellas sigan escuchando las declaraciones negativas de arriba, nunca van a vivir más allá de las palabras que ya aceptaron como verdaderas.

Este fue el desafío de Isaac Mkonyone. Cuando era joven, Isaac desarrolló problemas en el habla, que amenazaron con matar sus sueños e impedirle tener una vida normal y exitosa.

La historia de Isaac

“Crecer con un problema en el habla, como la tartamudez, fue difícil. En la escuela era peor, pues nunca tuve miedo de hablar delante de mis compañeros. Pero era tan difícil pronunciar las palabras, que desistía. Los chicos solían burlarse de mi y yo iba a casa a llorar, porque no podía responderles. No podía decir ni una palabra.

Pero, cada vez que iba a casa llorando, mi madre enjugaba mis lágrimas y decía: ‘Hijo, Dios te ama y Él te hizo a Su imagen. No sufras por lo que las personas te dicen. Recuerda quién te creó’. Fue maravilloso tener padres temerosos de Dios. Ellos nunca permitían que me sienta inferior o que tuviera pena de mi. Hasta hoy recuerdo el consejo de mi madre. Aún Dios nunca permitió que me sintiera inferior. Sus palabras a Moisés me mantuvieron creyendo que Él tenía un plan para mi, a pesar de mi ‘deficiencia’-

‘Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar’ Éxodo 4:12

Con este versículo en mi mente, maduré. Todavía tartamudeaba mucho, pero no me limitaba. En realidad, no estaba limitando más a Dios.»

Hoy, Isaac habla frente a centenares de personas a diario. Él sirve como ministro de la IURD en Ciudad del Cabo, Sudáfrica y transformó su ‘incapacidad’ en una oportunidad para que Dios lo use. Su mensaje para todos aquellos que enfrentan desafíos aparentemente imposibles en la vida es:

«Dios no tiene limitaciones. El puede y va a usarlo, siempre que usted se disponga. Si Dios pudo usar un burro para hablar, ¿qué es imposible para Él? ¡Nada! ¡Yo soy la prueba de eso!»