thumb do blog Blog Obispo Macedo
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Un hombre no puede hacer eso

Querido obispo,

Leí Nada que Perder 1 sentada en el piso del pequeño balcón de nuestro departamento. Estaba derrotada. Habíamos perdido nuestro estudio, nuestro lugar de trabajo que tenía 4 pisos y estaba funcionando a todo vapor desde hacía 5 años. Una constructora le pagó al dueño del inmueble un 50% más de lo que valía y nos sacó de allá. No podíamos superar la oferta y nos quedamos sin tener un lugar donde al menos pudiéramos colocar nuestros muebles y empleados. Una vergüenza. Después fuimos engañados al intentar comprar otro inmueble y terminamos quedándonos siete largos meses sin tener un lugar donde trabajar. Estábamos limitados a nuestro departamento de 80 m2. Incluso nuestra empleada nos dejó, pues ya no creía que lográramos volver a levantarnos.

Leía el libro y pensaba: «Mi Dios, lo que estoy pasando no es nada. Lo que Tú hiciste en la Iglesia es real. Un hombre no puede hacer eso. Fuiste Tú Señor, todo el tiempo, el que estuvo allí. Entonces, Tú también estás aquí.»

Después de luchas, llanto, sacrificios y el uso de la fe, leí hoy, en pocas horas, Nada que Perder 2. Pero ahora, lo leí en el sillón de nuestra nueva casa, que está al lado de nuestro nuevo estudio, que hoy vale más que los inmuebles de antes. Aproveché los meses en los que no tenía empleados para dirigir y escribí un libro, que hoy está entre los más vendidos del país.

A pesar de haber estado más de 200 días sin tener dónde trabajar, no hubo ni siquiera un día en el que nos faltara algo. Trabajamos en estudios prestados, en lugares que alquilábamos durante unas horas e incluso en calles y veredas. En la foto de abajo estamos trabajando en medio de la calle, fotografiando un ensayo de moda, mientras que incluso los mendigos nos ahuyentaban. Yo lo ayudaba a mi marido, mientras que él cargaba más de 10 kilos de equipos colgados en el cuerpo.

Con sacrificio y fe, compramos un inmueble que nos sirve como residencia y con nuestro lugar de trabajo anexo, en una esquina de uno de los barrios más caros de la ciudad. Cuando decían: «es Zona 1, un precio prohibitivo, no sirve ni siquiera mirarlo», yo respondía: «puede ser la zona que sea, lo que es mío es mío. ¡No tengo nada que perder!» Somos solo dos, pero tenemos tres vehículos propios y solo necesitamos dar 10 pasos para llegar al trabajo. Sin tránsito, sin estrés, sin pérdida de tiempo.

Me dediqué al Godllywood y me gradué el último mes de junio. Hoy puedo ayudar a innumerables mujeres que he alcanzado a través de este grupo maravilloso, de mi libro y de mi blog que, en solo 3 meses, ya sobrepasa las 120 mil visualizaciones.

Obispo, lo que sucedió y sucede a cada día en mi vida y en la vida de millones de personas que, como yo, son la Universal, no fue obra suya, sino del Espíritu Santo de Dios. Pero, ¿cómo nos alcanzaría el Espíritu Santo si no estuviera usted? Sin sus innumerables lágrimas, sin la sangre literalmente derramada en el Sinaí, sin la pérdida de consciencia en el Ben Nevis? Ese chocolate que le dieron en un momento crítico, es símbolo del mismo alimento que, hoy, trae sabor a la vida de tantos.

Un hombre no puede hacer eso. Por eso, yo veo a Dios en todo lo que usted hace, obispo.

¡Muchas gracias por todo!

Patricia Lages