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Terminó la FIESTA

Muchas son las personas que, a pesar de creer en Dios y hasta hicieron parte de una denominación religiosa, se encuentran envueltas por el espíritu de la “fiesta”.

¿Cuántas son las que basan su fe en emociones, música, mensajes elocuentes o amistades con otros “hermanos”? Personas que al escuchar una música linda lloran y dicen: “¡Dios está conmigo!”.

Infelizmente, esas son las mismas que, en el momento de los problemas o en los que falta la emoción, niegan la fe y dicen cosas, como: “Dios no existe”, “Dios me abandonó” o “la iglesia está débil, pues no sentí nada hoy”.

Tal fe no tiene poder para salvar. ¿Y por qué? Porque no tiene calidad. Y no tiene calidad porque se basa en las emociones.

En el último día de la fiesta, Jesús se levantó e invitó a los que tenían sed a venir hasta Él y beber. Mientras que la persona se mantenga envuelta por la “fiesta”, ella no logra darse cuenta de que está sedienta, pues, en realidad, está embriagada por las emociones.

Cuando la persona rechaza las emociones y las pone de lado, cambiándolas por la razón, basada en la Palabra de Dios, el Espíritu Santo la envuelve, haciendo que brote de su interior el agua viva.

Sólo que el agua viva no es para todos. No es para los que quieren sentir. No es para los que quieren ver. No es para los que quieren.

¡El agua viva es solamente para los que creen como dice la ESCRITURA!

Es verdad que, cuando Jesús dijo eso, no fueron todos los que se alegraron. Unos Lo reconocieron como un profeta, otros como el Salvador. ¡Pero, otros querían matarlo!

Eso se repite en nuestros días. Cuando la Palabra es anunciada, unos la escuchen como algo interesante, otros se basan en ella para tomar sus decisiones. Otros intentan callar a los que la anuncian.

Sin embargo, solamente los que se lanzan sobre la Palabra (practicando lo escrito), abandonando la fiesta de las emociones, alcanzan la verdadera vida.

Esos provocan la verdadera fiesta: la fiesta en el Cielo. Juan 7:34-53.

Obispo Julio Freitas