thumb do blog Blog Obispo Macedo
thumb do blog Blog Obispo Macedo

Su burbuja

Ella era una chica común y, como generalmente nada especial sucedía en su vida, soñaba despierta la mayor parte del día… en la escuela, en el auto, en la ducha y en la cama.

Ella era siempre el personaje principal de sus sueños, y allí era amada, querida y deseada. Por el hecho de que todo está bien lejos de su realidad, muchas veces se distanciaba de lo que sucedía en su día a día y se refugiaba en esos sueños.

Cada vez que una amiga dejaba de ser una amiga, por ejemplo, ella regresaba a su mundo de fantasía, donde nadie podía herirla, por el contrario, allí todos la amaban.

Crecer así parecía más fácil para ella, pero la realidad se fue haciendo cada vez más difícil de ser enfrentada. Su familia se mudó a un lugar lejos de todo y de todos los que ella conocía.

De un momento a otro, esa niña se encontró en un país extraño, rodeada por una nueva lengua y un nuevo pueblo. Aquellos fueron los peores años de su adolescencia. Las chicas del colegio eran malas con ella.

“Bullying” era un nuevo juego que esta niña no sabía jugar, pero, felizmente, ella siempre se podía refugiar en sus sueños. Y así, cada vez se encerraba más dentro de sí misma y no dejaba que nadie entre. Ella escuchaba su walkman todo el día y soñaba.

La vida de una chica común que nunca iba a llegar a ninguna parte, que escuchaba constantemente a las personas decir que era muy tímida para ponerse de novia, y mucho más para casarse. Esa niña que no podía andar en bicicleta, y todo lo que tenía era inseguridad estampada en la cara, que no le sonreía a extraños ni a sus compañeros de clase, no miraba a nadie a los ojos – porque le causaba miedo – y su mundo consistía básicamente en vivir un día después del otro…

Era yo.

Un día encontré a Dios y con eso me vi – toda exprimida en un rincón – con miedo de salir y ser quién era. No fue fácil, estaba escondida en aquel rincón hace mucho tiempo. Mis ojos se abrieron y comencé a ver las cosas de forma diferente, a creer en todo aquello que había sido un sueño hasta entonces.

Comencé a destruir las murallas que había colocado a mí alrededor. Aprendí a luchar. Todo el proceso llevó tiempo para, finalmente, arrancarme del interior de aquella burbuja invisible en la que estuve prisionera durante toda mi vida. Pero, cuando salí, estaba finalmente libre.

Libre de todas mis inseguridades de la infancia y juventud. Libre de todas las ideas erradas, acumuladas a lo largo de los años. Libre de todos los hábitos obstinados que me costaron mucho en el pasado. Estaba libre para ser quien era, la Cristiane que Dios quería que yo fuera.

Le sugiero que haga lo mismo, porque esa situación es bastante deprimente, nadie puede realmente ayudarla mientras esté presa en ella. Esta es una burbuja diabólica que sólo Dios puede hacer estallar.

Cristiane Cardoso