Soy un ex musulmán
Qeita Sumaila tenía un grave problema familiar, invitado por una obrera, termino yendo a una reunión de la Iglesia Universal, solo que había un gran problema: él era musulmán…
Desde que vino al mundo, en Diciembre de 1977, en Guinea, país de África Occidental, Qeita apenas conocía una única verdad: nació en el seno de una familia musulmana y nada cambiaría esa realidad. Todos los días, desde temprana edad, rezaba 5 veces a Ala, leía el Corán, iba a la mezquita y todos los años cumplía los 40 días de ayuno que constituían el Ramadán.
“Yo pensaba que estaba siguiendo a un Dios Vivo y que estaba haciendo lo que era correcto” comenta. Pero, todo en su vida se relacionaba a una sola palabra: FAMILIA. Era esto lo que determinaba su pasado, presente y su futuro. Era la familia que cuidaba de Qeita, como también determinaba que todos sus pasos no se desviaran del camino que ya había sido trazado para él. Y fue por esta misma familia que, a los 26 años de edad, un día martes, Qeita termino ingresando en la Iglesia Universal. Ya no soportaba los conflictos familiares, pero no sabía que esta sería la gran ironía de que aún estaba por venir.
6 meses de un anonimato “confortable”
Con familiares viviendo en Portugal y en Francia, Qeita sabía que nada
ponía en tela de juicio la unión familiar, incluso desde la distancia. Pero, durante seis meses, fui muy feliz como nunca lo había sido, Qeita frecuentaba la Iglesia Universal donde recibía enseñanzas que en casi todo eran contrarias a lo que había aprendido. Lo que era algo natural dentro de la religión que pocos meses antes profesaba – la poligamia – aprendió que iba en contra de las leyes de Dios, que enseñaban que un hombre debe ser marido de una sola mujer. Al mismo tiempo que fue aprendiendo a dejar de lado las tradiciones que seguía como musulmán, también se fue entregando y moldeando al carácter de Verdadero y Único Dios.
Traidor de Mahoma
El joven de 26 años siempre supo el “poder” inherente a su familia, pero pronto tendría que conocer los sabores y las consecuencias que se deriva de oponerse a ella. Qeita abrazo la nueva realidad que acababa de conocer en la Iglesia Universal, pasando a evangelizar en las calles y tornándose un obrero. Y fue en una de esas incursiones, que fue visto y “delatado” a sus familiares. Fue así que Qeita supo lo que era ser perseguido. “Me llamaron de traidor de Mahoma, entre tantos insultos. Para entonces, mi padre tenía 3 mujeres, según la tradición musulmana, que también tendría que tener, y si un hermano mío moría, tendría que cuidar sus mujeres con sus hijos. O sea, si ya tuviese 2 mujeres y mis hermano 2, quedaría con 4” recuerda.
El consejo familiar
Según la ley musulmana, al contrariar los preceptos religiosos de su familia, Qeita corría el riesgo de ser renegado por la propia familia. Y fue para decidir su futuro que esta reunió; 30 personas y él en el centro. Se le dio una opción y él eligió la vida que tanto quería y que está viviendo. La consecuencia no se hizo esperar. Decidieron hacer su funeral. Fue abierta una zanja en el cementerio local y su nombre fue enterrado. Qeita estaba “muerto”, pero, aún así, no se retractó, incluso habiendo sido seducido con todo lo que más quería. Entonces, una nueva decisión fue tomada: sería enviado a Europa, donde tenía familiares, todo para apartarlo de la Iglesia.
Portugal: el fin y el principio
Cuando desembarcó en Portela, un grupo de sus familiares, también musulmanes, residentes en Portugal, lo esperaban, la primera y única palabra que les dijeron fue:” ¡Traidor!”. Fue llevado para una casa en Povoa de Santo Adriao y “Cerrando las puertas con siete llaves”. Sin ningún contacto con el exterior, un día la puerta olvidaron de trabarla. Fue así que al salir descubrió que la casa donde estaba siendo cautivo quedaba al lado de una Iglesia Universal. Comenzó a frecuentarla, lo que dio motivo a la realización de un nuevo consejo.
La única elección posible
“Oraba noche y día para que Dios resolviera mi situación”, pues la persecución volvió con toda su fuerza”, comenta. Fue seducido con todos los bienes materiales, pero nada lo removía a Qeita de su elección. Para su familia era un desobediente que no cambiaba. Para él, se trataba de su felicidad, de la única elección posible que podría hacer: Cristo.
Renegado y expulsado del seno de su propia familia por haber elegido seguir al Señor Jesús, Qeita hoy es un hombre de Dios, pastor de la Iglesia Universal. No niega que tuvo dudas, que su decisión no tuvo avances y retrocesos, fruto de la presión familiar, pero tiene la certeza de que hizo la elección de su vida. ¿Y su familia? Ora todos los días por ella, para que se despierte de la realidad de que el Dios Vivo no está en tradiciones y religiones, pero si en el corazón de quien lo busca, ¡en Espíritu y en verdad!
Redacción: iurd.pt
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