Recuerdos de un policía
Hola obispo, ¡que Dios lo bendiga enormemente!
Aunque no siempre le deseé eso.
Leyendo el libro “Nada que Perder” pude ver una foto, la foto en la que los miembros de la iglesia, tomados de las manos, rodeaban el edificio de la Asamblea Legislativa del estado de San Pablo. Yo estaba ahí, no como miembro, sino como policía, pues formaba parte del personal de seguridad del Poder Legislativo en ese momento, y cumplíamos nuestra misión de salvaguardar el patrimonio.
Recuerdo que mis compañeros policías y yo criticábamos las actitudes de las personas que estaban allí tomadas de las manos, orando y determinando que fuese hecha justicia y que usted fuese puesto en libertad. Pensábamos que las personas eran fanáticas y todas desocupadas, pues no tenían qué hacer defendiendo a una persona que yo consideraba que era el anticristo, pero todo llevado por una idea – la idea pasada por los medios de comunicación que, recuerdo muy bien, hicieron de todo para denigrar su imagen y la de la Universal.
Esa generación sabe muy bien de lo que estoy hablando.
En esa misma época, mi esposa se había convertido a la Universal, y todos los días, y en todas las cadenas, estaba presente, siempre buscando y orando por mí.
Cierta vez en que mi esposa Silvia estaba participando de una reunión de obreros, invadí la iglesia totalmente trastornado, y a toda costa quería retirarla de la reunión, pues como todo el mundo afirmaba que en la Universal hacían lavado de cerebro, esa era mi preocupación. No recuerdo cómo terminó ese episodio, pues creo que en ese momento yo estaba manifestado, y realmente no me acuerdo cómo salí de la iglesia. Lo que sé es que el pastor casi sacó a mi esposa del cuerpo de obreros, ya que yo no aceptaba de ninguna manera la situación.
Pero, con las oraciones de mi esposa y su determinación, ese mismo año en el que usted estuvo preso, fui liberado y me convertí a mi Dios, y hoy somos obreros en
São João da Boa Vista (SP).
De alguna manera fui parte de esa historia, y reviví todo eso leyendo el libro “Nada que Perder”.
Les hablo a las esposas y madres que están sufriendo por sus hijos, por sus maridos, etc.: No se curven ante los problemas. Dios va a liberarlos.
José Ricardo Amâncio da Silva
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