Pie de la Fe
El otro día posteé la pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre el Dios de Abraham y los demás dioses?
Alguien respondió: ninguna.
Ciertamente, él debe tener sus razones para responder así. No lo condeno, porque la compasión Divina le da el derecho hasta de rechazarlo.
Sin embargo, lo que más llama la atención es la falta de respeto tan latente en el mundo actual.
Si tratan con menosprecio al desconocido Dios de Abraham, imagine como tratan a sus fieles.
Para ese tipo de gente, ni las pruebas irrefutables de la existencia de Dios van a convencerlos. Es que la acción del espíritu inmundo ha cegado su entendimiento.
Prueba de eso es la calidad de sus vidas. Depresión, vida atada, constantes dolores de cabeza, insomnio, miedo, nerviosismo, tristeza, hogares destruidos, etc., etc., etc.
En el tiempo de Jesús no fue diferente. Él curó enfermos incurables, multiplicó panes y peces y alimentó a millares, anduvo sobre las aguas e incluso resucitó muertos. De nada les sirvió a los incrédulos de aquella época. Continuaron escépticos.
Los espíritus de incredulidad que actuaron en aquellos días son los mismos de hoy. El modus-operandi de ellos es el mismo.
Sin embargo, eso no interfiere en nada en la fe de los que tuvieron una experiencia con el Espíritu de Dios. Estos no sacan el pie de su fe sobrenatural. Venga lo que viniera, acontezca lo que aconteciera, jamás desistiremos de sembrar aquello que hemos creído.
Cansancio, odio, calumnias, difamaciones, persecuciones, injusticias y toda suerte de tribulaciones sirven como combustibles para nuestra fe. Continuaremos sembrando la Palabra de Justicia para darles la oportunidad a los sinceros que, a causa de la falta de conocimiento del Dios Vivo, han sido rehenes de las dudas.
“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” 2 Corintios 12:10
Pablo se gozaba en las tribulaciones. Yo no.
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