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Parte de la Respuesta

William Shakespeare dijo que hay más misterios entre el cielo y la Tierra de lo que supone nuestra vaga filosofía.

En relación a la fe no es muy diferente. Entre teoría y práctica de la Palabra de Dios, existe una enorme distancia.

La fe tiene sus misterios. Jamás se debe compararla con la de terceros, con el riesgo de cometer un gran error.

“Porque uno cree (tiene fe) que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres.” Romanos 14:2

La cuestión de la fe es puramente personal. No existe nadie que tenga fe para todo. Unos tienen fe para determinadas cosas y no la tienen para otras.

No se puede creer que la fe para curar sea la misma que para mover montañas.

Yo, por ejemplo, tengo fe para hablar en lenguas extrañas, pero no para interpretarlas. He tenido fe para determinadas cosas, pero no la tengo para otras.

¿Sabe por qué?

Porque soy humano, sujeto a las debilidades de mi casa de barro.

Pero, respecto al artículo anterior, es necesario saber que ni todos los que creen en la Palabra de Dios han empleado toda su fuerza en ella, para ver su realización.

Creen en su veracidad, pero, en el momento de materializar la fe, dudan. Poco o mucho, no importa.

Es como Jesús dijo: “De cierto os digo, que si tuvieres fe y no dudareis…” Mateo 21:21

Ahí está el gran secreto de la fe: no dudar.

¿Cómo evitar la duda en la hora “H”?

Este miércoles (28), a la noche, hablaremos sobre cómo eliminar las pequeñas dudas, que nos han atado en las conquistas.

Por lo tanto, sean pacientes para ser bendecidos en Nombre del Señor Jesús.