Blog Obispo Macedo | 21 de septiembre de 2015 - 03:04


Oiga lo que el Espíritu les dice a los cristianos … Parte 2

2° Día del Ayuno de Daniel

¿Aceptar o entregar?

¿Cuántas veces ya aceptó usted a Jesús como su Señor y Salvador y no sucedió ningún cambio en su vida?

El problema es que usted Lo aceptó pero no se entregó.
Aceptarlo o rechazarlo no hace ninguna diferencia.
Ninguna, mientras no haya una entrega total.
¿Cómo alguien puede aceptar a Jesús sin entregar su vida y, aun así, esperar una nueva vida?

Es imposible recibir una vida nueva sin renunciar a la vida actual.
Es imposible tener dos vidas al mismo tiempo.
El revestimiento del Espíritu de Dios está sujeto a entregarle la vida total e incondicionalmente. ¡No de aceptarlo!

Ese es el motivo por el cual el SEÑOR manda:
Revestíos con toda la Armadura de Dios…
Toda la Armadura de Dios es la Plenitud de Dios, o sea, Su Espíritu.

En el mismo contexto, agrega:
Tomad toda la Armadura de Dios…
Para revestirse o tomar posesión de toda la Armadura de Dios es obligatorio entregar o rendirle la vida al SEÑOR Jesús.

El Espíritu de Dios es el Espíritu de la Fe. La Fe que hace nacer del Espíritu; la Fe que hace ser espíritu; la FE que hace posible que el que tiene un mal comportamiento sea una nueva criatura y llena del Espíritu Santo.
Sin embargo, esa Fe exige el sacrificio de la vida actual a cambio de la vida nueva ofrecida por el SEÑOR.

Revestirse o tomar toda la Armadura de Dios es una actitud puramente personal e intransferible de quien realmente quiere cambiar de vida.

Lea el comentario de Aline:
Obispo, estoy hace casi 20 años en la Universal, tuve experiencias con Dios, fui curada, recibí algunas bendiciones, pero el mayor milagro que podría sucederme no sucedió, que es recibir el Espíritu Santo… fui orgullosa, rebelde, y nunca permití que el Espíritu Santo trabajase en mí… Pero ya estoy cansada de esta vida vacía y sin sentido que he vivido. Usted habló estos días por la radio respecto al valle de huesos secos, y así me veo obispo, como esos huesos… ¡pero ahora quiero una vida nueva! Estoy dispuesta a sacrificar, a dar todo de mí en este Ayuno de Daniel, a empezar a obedecer y a practicar la Palabra de Dios… A tener una vida correcta. Buscaré con todas mis fuerzas.

¡Este es el espíritu de quien realmente quiere cambiar!
¡Dios los bendiga abundantemente!

Lea más:
– Oiga lo que el Espíritu les dice a los cristianos … – Parte 1


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