Blog Obispo Macedo | 26 de Enero de 2015 - 14:31


Estatua de Sal

Estatua de Sal

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Lot, su mujer y sus dos hijas fueron alertados para que huyeran rápidamente de Sodoma.
El ángel de Dios les advirtió que no miraran hacia atrás.

Lot y sus hijas obedecieron, pero la mujer de Lot no.

Movida por la curiosidad y por la falta de temor a la Palabra del ángel de Dios, miró hacia atrás.

Su desobediencia le costó la vida: se convirtió en una estatua de sal.

¿Por qué insistió en desobedecer a la Palabra del Señor? Porque no creía en el castigo. Pensaba que, por ser la mujer de Lot, sobrino del amigo de Dios, y madre de sus hijas, nada le iba a suceder.

En honor a la verdad, esta es la situación de la mayoría de los creyentes evangélicos que creen en el amor de Dios, en Su compasión, misericordia y consideración, pero que no creen en Su Justicia.

Piensan que el Señor atenuará el rigor de Su Palabra con respecto a su desobediencia. La mujer de Lot también pensaba así.

Los rebeldes se olvidan de que la desobediencia es una clara demostración de falta de fe en la Palabra.

A causa de eso, son verdaderas estatuas de sal dentro y fuera de las iglesias.

Como sin fe es imposible agradar a Dios, ¿cómo piensan ellos que van a heredar el Reino de los Cielos?

Abraham era amigo de Dios no porque construía altares y sacrificaba. Sino porque Le obedecía.

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció… Hebreos 11:8

Jesús nos remite a recordar a la mujer de Lot no solo para alertarnos a no mirar hacia atrás, sino, más allá de eso, para que no confiemos en alguien que nos recomiende para que entremos a los Cielos; la buena relación de un ser querido con Dios no Lo va a influenciar para librarnos de la muerte si insistimos en la desobediencia.

Los amigos del mundo desobedecen a Dios para satisfacer al mundo;

Los enemigos del mundo se rebelan contra él para obedecer al Eterno.

Por eso, «en aquella noche de la venida del Hijo del Hombre uno será tomado, y el otro será dejado».


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