thumb do blog Blog Obispo Macedo
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Corazón de amarguras

En una sociedad cruel, egoísta y desesperadamente corrupta, es casi imposible que no haya victimas de traiciones sentimentales, económicas, familiares o religiosas.

Estupros, pedofilias, engaños, mentiras, infidelidades conyugales y amorosas, robos y mucho más han sido ingredientes para el surgimiento de amarguras y resentimientos.

La amargura y el cáncer del alma. Como semilla maligna, rápidamente se esparce como una chispa en un bosque seco, destruyendo la inmunidad espiritual y física.

El sacrificio, por la fe en el Señor Jesucristo, de la ofrenda de perdón es el único remedio de la cura física y espiritual.

Mientras la naturaleza del alma viviente no se torne espíritu vivificante, el ser humano siempre estará sujeto a las amarguras y resentimientos.

Mientras la persona no nace del Espíritu, mantendrá su naturaleza terrena y, consecuentemente, presa de los engaños y corrupciones del corazón de piedra.

Mientras que alma viviente, será esclavo de las pasiones de la carne. Por eso, es difícil no contraer resentimientos y amarguras.

De allí la necesidad de poseer un nuevo corazón. Corazón de carne, corazón de acuerdo con el corazón del Espíritu de Dios.

“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, (Jesús), espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.

El primer hombre (Adán), es de la tierra, terrenal; el segundo hombre (Jesús) que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, (Jesús), tales también los celestiales (nacidos del Espíritu Santo).

Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.” 1 Corintios 15:45-50