thumb do blog Blog Obispo Macedo
thumb do blog Blog Obispo Macedo

Conversión de una musulmana – PARTE II

Con 19 años, mi familia decidió volver para Australia. Mi padre arreglo un mi casamiento, pero no se concreto porque hubo un asesinato en la familia. Para ellos, es una falta de respecto casarse cuando alguien muere, y es así que pude escapar..

A pesar de vivir en Australia, continuaba viviendo bajo la influencia de mis padres. Ellos me controlaban en todo. Iba de casa para el trabajo y del trabajo para casa. A veces me autorizaban a salir por dos o tres horas, lo máximo y tenía que volver antes que anochezca. Como tenía seis hermanos hombres, ellos me vigilaban, y cuando no eran ellos, eran los amigos de ellos.

Mi padre tenía planes de mandarme de nuevo para Siria para casarme con un musulmán. Él colocaba en mi cabeza que estaba quedando vieja y llegué a pensar que eso era verdad. Pero no quería eso para mí. Como podía vivir de esa manera ¿y criar hijos en una cultura en la cual no creía?

Fue entones que empecé a sufrir con problemas espirituales. Una noche, sentí algo encima mío – no era un ser humano, pero si algo sobrenatural. Aquello me oprimía. Quedé paralizada por el miedo, no podía moverme ni gritar. En mis pensamientos clamaba a mi dios por ayuda, pero nada sucedía. Pasando algún tiempo, aquello se fue, pero me quede espantada. Al día siguiente, hable con mi padre lo que había sucedido, pero él me convenció de que era una pesadilla.

Quería creer que había sido solo una pesadilla. Pero fue apenas el principio. Por las noches empecé a escuchar voces en mi cuarto. Aquellos ataques pasaron a suceder regularmente. Muchas veces, me despertaba temblando y después sentía aquella fuerza sobre mí.

Mi padre decidió entonces ir al líder musulmán y realizar un hechizo. Él me dijo que lo colocara debajo de la almohada, pero no podía leer lo que estaba escrito, pues seria de maldición hasta podía morir. Use aquello porque estaba desesperada, pero no funcionó. Mi madre me decía que tuviera paciencia y que siguiera intentándolo y así lo hice como ella me decía. Pero cada vez estaba peor

Un día, decidí devolver aquel amuleto a mi madre. Ella me dijo que como yo no creía, estaba sola por mi cuenta. Nunca me sentí tan sola como en aquel momento. Mi espíritu estaba atormentado y nadie me entendía. Estaba quedando peor, no podía dormir y no quería, pues tenía miedo de ser atacada por los espíritus. Empecé a sufrir con depresión y con fuertes dolores en el pecho. Volví a pensar en el suicidio para escapar de aquel dolor. Estaba sufriendo mucho y no encontraba paz. Mi mundo se estaba derrumbando. Cuando sonreía era solo de apariencia, para esconder la tristeza que había dentro mío.

Entonces decidí huir de casa. Estaba cansada de todo: problemas, familia, trabajo, religión y cultura. Llame a una amiga y le dije que estaba huyendo de casa. Sabía que corría riesgo de vida, pues iba a traer deshonra para mi familia, para toda la comunidad, pero quedarme no era una opción. Si me moría, por lo menos moría intentando, eso pensaba. Fui a la policía para avisar que no estaba desaparecida, sino que había salido por voluntad propia. Volví para mi casa y en 10 minutos tome mis cosas y hui muy lejos de Sídney. Yo me escondí de mi familia.

Comencé un tratamiento con una psicóloga por la depresión. No me animaba a hablar sobre los problemas espirituales porque temía que me internaran en un hospital psiquiátrico. La psicóloga me decía que no había una cura para la depresión y me receto medicamentos que no me dejaban dormir. Comencé a tomar comprimidos para dormir, aparte de otro medicamento.

Como eso no avanzaba, me fui a un médium, curanderos y personas que leían las cartas. A veces parecía que iba mejorando, pero después volvía todo lo mismo. Tenía terribles pesadillas. Por todo esto, me preguntaba si realmente Dios existía, ¿por qué me sucedía todo esto?

No paso mucho tiempo hasta que mi familia me encontró. Mi padre me negó y dijo que ya no tenía hija, que iba a fingir que yo había muerto. Pero yo ya esperaba eso. Los había avergonzado delante de la comunidad. Todo el mundo estaba hablando mal de mí.

Lea Mas:

Conversión de una musulmana – PARTE I