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Alma y espíritu II

¿Por qué la gran mayoría ha creído en Dios hace tantos años y, aún así, ha tenido una vida fracasada?

¿Sería un karma? ¿Destino? ¿Cruz pesada? ¿Prueba?

Nada de eso.

La raíz del problema es el ADN del primer Adán. Creer en Dios no es suficiente para cambiar la naturaleza adánica. Hay que nacer de nuevo. Hay que ser espíritu. Hay que tener el ADN Divino.

A pesar de que eso es improbable al ser humano, no lo es para el Espíritu de Dios.

¿Qué hacer para ayudarlo en el cambio del ADN terrenal para el espiritual?

Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. Juan 12:24

La persona “cae en la tierra de la creencia en Dios”, pero no “muere” para las pasiones de su naturaleza terrenal.

¿De qué sirve creer en Dios? ¿Puede tal fe transformar su vida?

¿De qué sirve aceptar a Jesús como Señor y Salvador si no hay sacrificio o entrega de su vida?

Para nacer de nuevo, primero hay que abandonar malas compañías y hábitos errados. Significa sacrificio personal. Si camina en ese ritmo, con seguridad, va a encontrarlo en el camino.

El resto, déjelo con Él.

Pero, ¿quién está dispuesto a sacrificar su vida errada para encontrar a Dios?

Que el Espíritu Santo ilumine los ojos y haga que los lectores de este texto entiendan:

Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. Juan 12:24

Vea También:

Alma y espíritu I