14º Día – Justicia, Fe y Amor II
… mas el justo por su fe vivirá. Habacuc 2:4 …Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. Romanos 1:17
… Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá. Gálatas 3:11 … Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a Mi alma. Hebreos 10:38
Esos versos sagrados explican de forma clara y categórica que la Justicia de Dios está cimentada sobre la fe. Eso significa que no hay perdón, no hay salvación, no hay cumplimiento de las Promesas Divinas, en fin, no hay nada, sin la acción de la fe sacrificial.
Ante la Ley de Dios todos pecaron, todos tienen pecado y todos pecarán. Con excepción de los niños inocentes, que todavía no saben discernir entre el bien y el mal. Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Romanos 5:12.
Ante esto, es imposible recibir algo de Dios sin la manifestación de la fe práctica. Es diferente de la ley de los hombres, que exige pruebas cabales para eximir al culpable. Es decir, todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Si la acusación es de asesinato, tiene que haber pruebas de que el acusado mató; si robó, tiene que haber pruebas de que robó; si transgredió cualquier ley, tiene que haber pruebas concretas de que transgredió la ley.
En el Reino de Dios, todos son culpables y serán condenados, independientemente de si cometieron o no alguna falta. La naturaleza adámica no permite, delante de la Justicia de Dios, que nadie sea salvo o inocente. … por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Romanos 3:23
¿Cómo anular el pecado humano delante de la Justicia de Dios? ¿Quién podría servir de abogado por el pecador? ¿Qué argumentos podría reunir para probar su inocencia?
Delante de Dios, el Justo Juez, no hay ni abogado ni pruebas para eximir a ningún pecador. Todos pecaron. De una forma o de otra, todos pecaron. Sea de forma consciente o no, en pensamientos, actitudes, palabras, gestos o sentimientos. Todos pecaron y carecen de la misericordia Divina.
¡Es justamente ahí que entra la fe en el Señor Jesucristo! No la fe teórica tipo: “Yo creo en Dios” o “Creo en la Santísima Trinidad.” ¡No! ¡Mil veces no! Ese tipo de creencia no funciona. Si funcionase, el mundo cristiano sería una maravilla. El Hijo de Dios tuvo que hacerse hombre, vivir como hombre y sujetarse a los límites del hombre, sacrificar Su carne por toda la vida, y aun así, morir como Un maldito pecador, sin haber cometido ninguna falla, por menor que fuese.
El virus del pecado de Su madre no lo contaminó, porque el ADN del Altísimo fue más fuerte. Él consiguió salvación para todos los que creen de manera sacrificial. Su convicción y Su amor lo hicieron sacrificar. De la misma forma, en retribución, somos obligados a manifestar la fe y el amor sacrificiales en Él para salvarnos. De lo contrario, no hay salvación.
El mensaje de que si la persona acepta a Jesús como Salvador, ya es suficiente para ser salvo, es una tontería. Eso ensancha la puerta que conduce al infierno. Esa es la razón por la que la mayoría de los creyentes son endemoniados.
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