thumb do blog Blog Obispo Macedo
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Trabajo en un prostíbulo

Buen día Sra. Patricia, quería compartir mi guerra por las almas.

El lunes vino a la iglesia, en Vitoria-Gasteiz (País Vasco), una chica que trabajaba en la noche, ella trajo a tres chicas para la oración de la tarde. Conversando con ellas, les dije: “Si ustedes quieren, puedo ir al lugar en el que trabajan, inviten a las demás chicas para que haga una oración por ustedes”. Y ellas dijeron: “Está bien, te avisaremos”.

Ellas volvieron el martes para la oración. Ahora ya eran cuatro chicas, vino una más, y me respondieron sobre la visita. Me dijeron que sí, que podía ir, inclusive lo comentaron con su “jefe” y él dijo que también iba a participar de la oración, pues lo necesitaba mucho.

Llamé a una muchacha que viene a la iglesia, Marly, para que me acompañe en la visita, que sería el miércoles a las 18.

Bueno, me preparé, Marly y yo ayunamos y oramos para que las chicas tomaran la decisión de cambiar de vida, prepare la carta que usted me envió para entregarle a todas, una en portugués y otra en español.

Cuando llegué al lugar, estaban esperándonos, y también su “jefe”, que es español. Saludé a todas, la mayoría es brasileña, las demás son colombianas y dominicanas, había 11 personas.

Oré por su protección, llevé aceite y las ungí, y también al “jefe”. Fue muy fuerte, una bendición. Les dije que les había llevado un recuerdo y les entregué la carta.

Sabe, Sra. Patricia, fue una experiencia muy grande para mi vida, y yo nunca olvidaré ese 29 de junio.

Después ellas me llevaron al lugar en el que viven, porque allí había otras personas. Entré e hice una oración por las tres chicas que nos recibieron. Una de ellas estaba enferma, tuvo un accidente y casi perdió la mano.

La chica que viene todos los días a la iglesia me llevó a su habitación y me dijo que su mente estaba más clara, y ya sabía lo que quería, ahora ya habla con su padre y la perdonó. Ella está muy feliz porque su papá le pidió que volviera a Brasil, entonces ella decidió viajar en septiembre, y confirmó: “En Brasil no voy a seguir con esta vida, lo primero que voy a hacer es ir a la Iglesia, para que Dios me ayude a seguir adelante con mi hijo.”

Dentro mío yo gritaba de felicidad, las invité a todas para venir hoy, jueves, a la reunión de las mujeres que hago a las 10 y me dijeron que vendrían.

Cuando salí del lugar, se pusieron contentas, miré en sus rostros y no las vi como la primera vez. Sus rostros eran otros. Una chica dominicana me dijo: “Yo la conozco, ¿usted se acuerda de mí? Me invitó a un evento realizado en el hotel y yo fui”.

Ella me dijo que hace dos meses que trabaja en la prostitución, y que no quiere esta vida. Ella no vive con las demás, vive en una habitación aparte y sólo se ve con las demás a la noche cuando salen a trabajar, porque algunas de ellas ya están acostumbradas. Incluso, algunas ya viajaron a otros países con los clientes, pero ella dice: “Para mí eso no es vida”. Y yo le respondí: “Esta vida no es para ninguna mujer. Si querés ayuda, ya sabés dónde encontrarme. Andá a la Iglesia mañana”, le di mi número de teléfono por cualquier necesidad.

Sra. Patricia, ayer fue el día más feliz del mundo, y voy a luchar para que todas dejen esa vida. Para mí comenzó la guerra, no quiero que sólo dos mujeres dejen esa vida, sino todas ellas, y lo voy a lograr.

El Señor le dijo a Gedeón: “Ve en esa tu fuerza”, y yo también voy en esta mi fuerza.

Cuando vaya a Madrid, le contaré más sobre las experiencias de esta evangelización que estamos haciendo.

Abrazos,

Mayra Cerón

 

Obs.: Patricia es una cirujana dental casada con el pastor Walber, responsable por el trabajo de la IURD en España. Ella es la responsable por el trabajo con las prostitutas en ese país.

Mayra Cerón es esposa de otro pastor. Ella ayuda a la Sra. Patricia en la evangelización de las prostitutas en sus respectivos prostíbulos.