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¡Nuestros hijos no se harán gays!

Imagine esta escena: Su hijo llega a la escuela para un día más de aprendizaje, y, en plena aula, la profesora da inicio a una nueva clase en la que deben debatir un video que muestra a dos muchachas lesbianas que hablan sobre lo bueno que es ser homosexual. Es más: en los libros didácticos, la profesora lee, con su hijo, historias con familias gays, historias de hombres y mujeres bisexuales, transexuales y travestis.

Crea: es esto lo que pretenden hacer en las escuelas públicas de Brasil, en el segundo semestre de este año. El Ministerio de Educación quiere distribuir videos y libros como estos en seis mil escuelas del país.

El absurdo es tan desmedido que lastima la lógica. Agrede cualquier padre. Agrede nuestra fe.

Lo que debería servir para combatir la discriminación se convierte en propaganda explícita de la homosexualidad.

No tengo prejuicios, pues ya atendí a varios homosexuales en la Iglesia. Oramos por ellos, los aconsejamos y los auxiliamos con el mismo celo espiritual dedicado a cualquier otro sufrido que cruza las puertas de los Cenáculos del Espíritu Santo.

¡La Palabra de Dios y la IURD nos enseñan que debemos aceptar al homosexual, pero nunca, jamás, la homosexualidad!

¡Mis hijos no se harán gays! ¡Es mío, SOLAMENTE MÍO, el derecho de no desear un hijo gay! La Constitución me garantiza eso. Tenemos el derecho de anhelar para nuestros hijos lo que entendemos como lo mejor para su futuro. Y, bajo la luz de nuestra fe, el camino de la felicidad pasa por la construcción de una familia con marido y esposa, esto es: hombre y mujer.

Que el Espíritu Santo toque en nuestras autoridades, para que terminen con esta aberración. Y que nuestro grito de protesta llegue hasta los hombres de Brasilia.

Obrero anónimo.

Vea también:

– Homosexualidad I

Homosexualidad II

Libres de la homosexualidad