Perfume
«A más del olor de tus suaves ungüentos, tu nombre es como ungüento derramado……» Cantares 1:3
Yo me acuerdo que así que yo comencé a enamorar con Renato, acostumbraba a escribir su nombre por todo mi cuaderno. Yo tenía que escribir el nombre que me venía a la cabeza a cada minuto del día, y aún así, no podía ser comparado las veces que oía su nombre. Yo amaba el sonido de su nombre y la manera como él me hacía sentir. Quien fuera que hablase su nombre conseguía llamar mi atención, como si el nombre en si tuviese una especie de perfume que inmediatamente mandaba un alerta a mis sentidos.
La Sulamita sentía la fragancia de su amado con sólo pronunciar su nombre. ¿No es eso lo que sentimos cada vez que decimos el nombre de Jesús? Es más dulce que la miel en los labios y de alguna manera te hace sentir limpia, pura y llena de Su propio perfume.
Sólo aquellos que tienen esta clase de relación íntima con Él es que pueden exhalar ese perfume. Las personas quieren saber quién es usted, por qué es como es, cuál es su historia, qué tiene en especial, por qué se sienten tan atraídos hacia usted. Lo que no saben es que no es usted, sino el perfume de su Amado en usted.
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