¡Quien quiere, tiene que pagar el precio!
Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, Se reunió alrededor de Él una gran multitud; y Él estaba junto al mar. Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que Le vio, se postró a Sus pies, y Le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. Fue, pues, con él. Marcos 5:21-24
Jairo era un hombre muy religioso, letrado, lleno de influencias e importante en su comunidad – pues era uno de los principales -, en fin, tenía todo. Pero, ¿de qué le servía ese «todo» si nada de eso podría salvar la vida de su hija? Por lo tanto, él tenía que decidir: seguir engañándose por su religiosidad o sacrificar todo para tener una experiencia con Jesús.
Y es en esto que quiero que usted reflexione: ¿de qué le sirve sujetarse a sus conocimientos, a sus diplomas, a su iglesia, a su título, a su fama o a una posición, si usted es infeliz?
Jairo prefirió despojarse. Renunció a todo lo que era y se lanzó a los pies de Jesús. Solamente una persona humilde es capaz de hacer eso; alguien sincero y que entienda que solo así podemos tener un verdadero encuentro con Jesús.
Y en medio a una gran multitud, Jesús fue solo con él, y estoy seguro de que ahora Jesús también quiere ir con usted, pues donde quiera que Él vaya la vida llega.
La hija de Jairo revivió. Su matrimonio, su economía, su salud, su alma, todo puede revivir ahora. Ante eso, ¿qué es lo que usted va a hacer?
Espero que ahora mismo tome una decisión, que deje todo de lado y que ahí donde está se lance a los pies de Jesús. ¡¡¡Le garantizo que hoy mismo usted será salvo!!!
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