thumb do blog Blog Obispo Macedo
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Otro Altar restaurado

¡Buen día obispo!

Mi nombre es Maria da Graças Laporais.

Hace dos años, en la época en la que estaban llevando a ex obreros a TV Universal, mi hija le envió un e-mail pidiéndole ayuda para mí.

El e-mail era un grito de socorro, pues yo estaba en una situación muy difícil en ese momento, era vida o muerte. ¿Por qué? Cuando llegué a la Universal, mi vida estaba totalmente destruida en el área sentimental y en lo económico. Pero donde más sufrí fue en lo sentimental.

Busqué ayuda en los espíritus, en las cartas, etc. En la Universal, había pasado por el proceso de liberación y todo había cambiado interiormente. Había sido bendecida y levantada a obrera. Permanecí por dos años pero, por no haber tenido paciencia e, influenciada por una pareja de obreros, me dejé llevar por la emoción y me casé con la persona equivocada. Ese fue mi sufrimiento, todo a causa de una desobediencia a mi pastor, en ese momento.

Obispo, debido a esa desobediencia, mi primer altar fue destruido y así quedó durante 20 años. Fumaba, tomaba, me prostituía, a pesar de estar en la iglesia y participar de la Santa Cena, siendo diezmista y dando ofrendas, pero con la vida arruinada.

Debido a eso tuve varios problemas de salud. Sentía hormigueos y dolores en todo el cuerpo. Tanto que para dormir y descansar un poco me inclinaba sobre el lavarropas. No dormía de noche, por eso tomaba una dosis muy alta de remedios para dormir diariamente y no lo lograba. Me estaba volviendo loca.

También había tenido deseos de quitarme la vida, al punto de pedirle a mi marido que escondiera un cuchillo que tenía en la cocina, porque oía la voz del diablo diciéndome que agarrara el cuchillo y me matara.

Además de eso, un médico me había dicho que tenía Alzeimer. Como enfermera yo le había contestado: “¿Cómo puedo tener esa enfermedad si yo sé cuáles son los síntomas?”Entonces yo dije que solo podía tener algo más en mi vida, y que era un problema espiritual.

Mi hija oraba por mí por teléfono, porque estaba haciendo la obra en otro país. Ella siempre luchó contra el diablo para que no se llevara mi alma, pues veía que yo quería pero que no tenía fuerzas. Entonces, cuando vino la Campaña de Israel de la Transfiguración, una gran indignación la invadió interiormente, pues vio en una foto mía, la imagen del diablo estampada en mí.

Ella subió al Altar sacrificando por mí y se lanzó a todo o nada. Recuerdo que me dijo: “Mamá, o Dios te transforma, o no pasas de esta noche, pues no acepto más esta situación. ¡No acepto más ver la imagen del diablo en tu cara, ver tanto sufrimiento!”

Ella sacrificó tres meses seguidos por mí y ya había buscado ayuda llamando a TV Universal sin que nadie supiese que era esposa de pastor, pues Le había dicho a Dios: “Señor, si Tú la amas, vas a ayudarla como a cualquier otra alma, porque no voy a usar el título de esposa para buscar ayuda. Ahora es Contigo. Yo estoy haciendo mi parte subiendo al Altar. Tú ves lo que nosotros no vemos. Si allá en el fondo ella va a convertirse, ¡entonces sálvala!”

Me acuerdo que estaba en la puerta de la cocina de la casa de mi hija, cuando de pronto me vi descendiendo a un pozo muy oscuro. Abría los ojos y no lograba ver la claridad de la luz, entonces grité por Jesús: “Jesús, ¡no dejes que el diablo se lleve mi alma! ¡Ten misericordia de mí! ¡Dame una oportunidad más de conocerte, mi Padre!”

Llamé a mi hija a los gritos y ella me llevó a la habitación. Aún viendo ese lugar oscuro, Le pedí a Dios: “Mi Dios, envíame ayuda. Mi hija ya le pidió al obispo Macedo que envíe a alguien para ayudarme, no dejes que el diablo se lleve mi alma. ¡No!”

En pocos minutos apareció el obispo Luis Carlos, junto a su esposa. Dijo que el obispo Sergio Correa le había pedido que fuera a pedido del obispo Macedo. No tuve fuerzas para llegar hasta la habitación en la que estaban. Él hizo una oración por mí diciendo: “De la misma forma como la higuera se secó, este mal en su vida también va a secarse.” En mi incredulidad yo dije: “No hay más salida, obispo, me estoy muriendo.” Y su esposa dijo: “Sí que hay salida. Un día voy a encontrarla sonriendo y diciéndome: ‘Soy esa mujer por la que usted fue a orar a la casa de mi hija…’”

Obispo, de hecho sucedió. Yo la encontré en la Universal de Sete Lagoas (MG).

Él se fue y dejó a un pastor cuidándome. Cada dos días él oraba por mí, y poco a poco fui levantándome Dejé de fumar, empecé a alimentarme y comencé un nuevo proceso de liberación. No fue fácil, pero vencí. Un domingo dije: “Hoy me entregaré totalmente al Señor Jesús” Así, renové mi bautismo en las aguas e inmediatamente después fui a buscar el bautismo con el Espíritu Santo. ¡Tuve mi verdadero encuentro con Dios!

Obispo, el día de mi encuentro con Jesús fue el más feliz de mi vida. Conocí la verdadera alegría, la verdadera paz. ¡Fue algo inexplicable! ¡No quiero que esa alegría salga de mí jamás!

Hoy soy una persona calma, tranquila, feliz por dentro y por fuera. Tengo certeza de mi Salvación y no la cambio por nada en este mundo. Nada me interesa a no ser mi Salvación.

Entré al grupo de evangelización, después fui candidata a obrera y, por la misericordia de Dios, fui levantada a obrera nuevamente.

Obispo, ¡cuán gloriosa es la obra del Espíritu Santo! Cuando mi yerno fue obrero, oró para que yo me liberara, y en el mes de noviembre tuve la felicidad de viajar a Chile y trabajar como obrera en la reunión de él.

El Altar no le queda debiendo nada a nadie.

Maria da Graças Laporais, obrera de la Universal de Sete Lagoas – Minas Gerais.