thumb do blog Blog Obispo Macedo
thumb do blog Blog Obispo Macedo

Parecía imposible que yo cambiara…

Mi infancia parecía ser como la de todos, sin embargo, a partir de los 10 años algo comenzó a diferenciarme de los demás. Dentro de casa, mi forma física y mi comportamiento se fueron asemejando a los de mi hermana, haciendo que a mis hermanos les resultara extraño. Enseguida eso salió a la luz en la calle, delante de mis amigos, al punto de ser confundido con una niña en la escuela. A medida que el tiempo iba pasando, más me iba acostumbrando a la idea de que eso me hacía sentir bien. Parecía que había descubierto mi identidad real.

A los 15 años decidí asumir mi homosexualidad, causándoles indignación a algunos miembros de la familia, pero también recibí elogios de otros, que entendieron mi elección. Siempre dejaba en claro: «Nací así, moriré así». Entendía que era lo mejor para mí y aprendí a acostumbrarme a esa situación. Con el tiempo, me fui involucrando más, haciendo planes y teniendo sueños. Me puse de novio, disfruté, provoqué y me involucré incluso con hombres casados. Era increíble cómo me deseaban mucho más que a sus esposas. Estaban cansados de la rutina y se aventuraban conmigo queriendo «algo diferente».

En épocas de carnaval, alquilábamos casas en la playa a fin de aprovechar la temporada de la mejor forma posible. Allí sucedía de todo: drogas, bebidas, orgías, en fin, todo lo que me imaginaba que era lo mejor para mí, pero sin embargo, toda esa ilusión fue teniendo su precio. Intentaba engañarme, pero no lo lograba. Aun viviendo esa fantasía, era totalmente depresivo, angustiado, tenía asco de mí mismo y deseaba suicidarme. Sonreía durante un momento, pero lloraba todo el día por dentro. Fui humillado, rechazado por mi familia y amigos, me sentía solo y siempre vacío.

Buscaba una felicidad que parecía que nunca existía, hasta que una obrera decidió visitar mi casa, invitada por mi madre. Después de mucha insistencia, decidí ir a la iglesia con mi ex compañero, con quien viví durante casi 2 años. Con el tiempo fui abriendo mis ojos y dejé mi relación, asumiendo verdaderamente al Señor Jesús. Me fui liberando en las cadenas de la Universal, buscando día a día mi encuentro con Dios. Lo gracioso es que fui más criticado por frecuentar la iglesia que por mi pasado.

Hoy me garantizo como hombre, y hombre de Dios. Soy un empresario exitoso en mi ciudad, y como obrero dedico gran parte de mi vida a ayudar a los que lo necesitan.

Vea cómo soy ahora…