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La orden del Señor para Su ejército

Dijo Jesús: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.» Marcos 16:15

La Universal en México visitó una zona indígena, en el estado de Chiapas (uno de los estados más pobres de México, situado en la frontera con Guatemala), una comunidad llamada Romerillo, donde sus habitantes, mayormente, no hablan español, sino la lengua nativa, el Tzotzil.

Ellos sufren muchas carencias, como pobreza extrema, desnutrición y falta de recursos en general, además de la discriminación por ser indígenas.

Esa comunidad tiene 1.320 habitantes y la práctica de la brujería es muy común en la zona, pues viene de la tradición pre-hispánica de los pueblos mayas en México.

Los habitantes de Romerillo recibieron la visita de la Universal con mucha alegría, música y ropas tradicionales de su cultura.

La Universal llevó más de dos toneladas de alimentos, y fueron donadas varias computadoras a la escuela local. Hasta entonces, esa escuela solo tenía una computadora para 300 niños.

Sobre todo, fueron realizadas oraciones por las personas, llevándole el Evangelio a este pueblo olvidado por la sociedad y que sufre por no conocer a Dios y vivir basado en las tradiciones heredadas.

Uno de los casos más graves atendidos fue el de un niño de 2 años, Armando Jiménez, que estaba casi muriendo en los brazos de la madre y pesaba apenas 8 kilos.

No obstante, la familia no llevó al niño al hospital debido a las costumbres y tradiciones, y lo mantenían en un cuarto rodeado por muchas velas encendidas y gallos muertos.

Desesperada, la familia permitió que se hiciera una oración de fe por el niño, pero además de tener un problema espiritual, también presentaba un cuadro de desnutrición y deshidratación severa.
Visto que hacía tres semanas que sufría de diarrea, el niño estaba piel y hueso.

Con mucha dificultad, la familia permitió que el niño fuese llevado al hospital, porque la tradición de ellos decía que solo después de cinco días después de los rituales de curanderismo, podría salir de casa, pero por el estado en que se encontraba, no sobreviviría ni un día más, tanto que cuando se lo ingresó al hospital, el propio médico afirmó que el muchacho estaba en un estado gravísimo y con un alto riesgo de muerte.

Por la fe, el niño no murió y comenzó a recuperarse, toda la familia pudo ser evangelizada y comprobaron que por la fe en el Señor Jesús no hay nada imposible.

Como agradecimiento por la ayuda humanitaria y por la palabra de fe, la comunidad vistió a los de la Universal con ropas típicas tzotziles, ropas que son, para ellos, una espontánea expresión de honra solo para algunos pocos visitantes.

Sin embargo, la mayor ayuda que la Universal le dio a esa comunidad (como en muchas otras en México), no fueron los alimentos ni las cosas materiales, sino llevar a las personas a saber que existe un Dios Vivo y que no tiene nada que ver con el sufrimiento de los que viven apegados a sus tradiciones y costumbres. Al contrario, Él, como Padre, quiere lo mejor para Sus hijos, pero respeta la decisión de cada uno.

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