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La Bruja en el Reino de Dios

Salomón aprendió con su padre David el camino de la fe.

Comenzó bien.

En principio, era la gloria de Israel.

¿Qué motivó su caída?

En la elección de la reina comenzó su destrucción.

No hizo uso de la fe.

Más bien atendió a los caprichos del corazón.

Según su punto de vista, el rey no podría casarse con una plebeya.

Aunque la misma estuviese en la misma fe de sus padres.

Desechó seguir el ejemplo de Abraham que casó a su hijo con una joven de en medio de su pueblo.

Salomón se dejó llevar por la vanidad del corazón y buscó una princesa.

La hija del Faraón. 1 Reyes 3:1

Hermosa por fuera, podrida por dentro.

Se casó con ella e importó a Israel todo su paganismo egipcio.

Fue lo suficiente para corromper la buena fe del rey y su imperio.

Muchos futuros siervos de Dios se han rendido a la codicia de los ojos.

A causa de eso, desprecian el primer amor: la buena conciencia de la fe.

Y se casan con “verdaderas princesas egipcias”.

Princesas del infierno.

Que de Dios sólo tienen la Biblia.

El tiempo ha mostrado que las mismas se han transformado en verdaderas brujas.

Qué bueno sería si el palo de la escoba funcionase y las llevase bien lejos de sus maridos.

Una princesa desconocida derribó a Salomón y todo su reino.

Muchas princesitas también han impedido que el Reino de Dios llegue al pueblo por corromper hombres de Dios.

Infelizmente lo opuesto también sucede.

En menor escala, claro.