Blog Obispo Macedo | 30 de mayo de 2010 - 10:52


Prueba de fe

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Entre todos los dioses egipcios había uno cuya cabeza era de oveja / cordero. Por eso, los pastores de ovejas no eran bienvenidos entre ellos. El esquilado y, en especial, su sacrificio eran una afrenta para la fe egipcia.

El pedido Divino del sacrificio de un cordero y la exposición de su sangre en los umbrales de la puerta de entrada de la casa no debe haber sido una tarea fácil para los israelíes. Exigiría coraje. Ciertamente, eso insultaría a los egipcios y los volvería más agresivos hacia los judíos.

Los hijos de Israel tuvieron que elegir entre sacrificar a Dios y correr riesgo de vida o dejarlo y «salvar» su propio pellejo.

En cada instante de la vida, los convertidos pasan por el mismo dilema delante del mundo. Allí estaba la prueba de su fe.

He aprendido que el ejercicio de la fe es más una cuestión de actitud de coraje en obedecer la voz de Dios que el hecho de sentirlo.

«Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará» (Mateo 16:25).

Nadie se salva movido por sentimientos. La salvación exige actitud, acción o materialización de la fe. O sea, ¡coraje!


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